Las tragamonedas
Señor director:
Las máquinas tragamonedas, o tragacomidas, que es en sí su papel, son atrapadoras de adultos, adolescentes y niños para vaciarles los bolsillos y dejarlos sin la comida, pues la ansiedad generada por los vicios se traga los pesos que posean. Los primeros culpables de esa situación son las autoridades del sistema que, como se sabe, ni respetan ni se hacen respetar.
Muchos padres de familia han perdido lo que han ganado diario, semanal o quincenal, porque el vicio incitador y la facilidad y atracción de esas afrentosas máquinas igual que las bancas de lotería le salens por doquier. Son parte de la tragedia y el desamparo que viven las familias pobres en sus barrios, maldición que propician y apoyan los sucesivos gobiernos que este país se ha venido dando.
Aunque impotente para defenderse, la población sabe que buena parte de estas máquinas y de las bancas de lotería están apadrinadas o son propiedad de oficiales militares, policiales, y de legisladores de la República. Conmueve percibir a niños y adolescentes que de ida y vuelta a sus centros educativos, entran a colmados, colmadones y demás, a jugar los chelitos que tengan para desayuno, merienda o algún otro encargo.
Lamentablemente estas máquinas se las encuentran casi pegadas de cualquier plantel escolar, a pesar que la ley 29-06 las prohíbe a menos de 500 metros de hospitales y de centros de enseñanza. La ley solo autoriza su operatividad a los casinos y las bancas de apuestas.
Actualmente la parte norte del Distrito Nacional está llena de estas máquinas tragacomidas que incitan a los vicios, a la vida ociosa y a la perversidad. El Ministerio de Hacienda combinado con el Ministerio Público, especialmente en el Distrito Nacional y la provincia Santo Domingo, deberían ponerle coto a la masiva existencia y proliferación de estas maquinas, que solo sirven para llenar los bolsillos de los operadores de ese negocio ilegal y para perjudicar la salud mental de los jugadores y dejar sin comida a innúmeras familias humildes de los barrios.
Queremos insistir, que el Ministerio de Hacienda, responsable directo de estas máquinas y el ministerio perseguidor del delito deben tomar medidas definitivas sobre esta porción del cáncer generalizado que sufre esta nación.
Atentamente,
Lic. Santiago Martínez

