Menores y delito
Señor director:
El aumento de la irrupción de menores en actividades delictivas, ha puesto el énfasis en la necesidad de revisión del Código de Protección de Niñas, Niños y Adolescentes. El debate gira en función de dos posiciones: una que se orienta hacia la modificación de este Código, y así ampliar las sanciones en los delitos y crímenes cometidos por menores. Desde este punto de vista se entiende que las circunstancias imponen modificar esa ley para que las penas estén un poco más acorde con la gravedad del delito.
El otro modo de análisis, parte de que no debe ser modificado este Código solo con fines de incorporar más rigor a las acciones delictivas cometidas por menores. Este planteamiento, parte de un enfoque derivado de las condiciones materiales y de marginalidad social así como de infuncionalidad y deterioro de las relaciones en el núcleo familiar. Esta manera de ver el problema, proyecta a los menores un tanto fuera de responsabilidad ante las acciones, y es una apuesta a su regeneración conductual. Esta postura, de alguna manera, obvia las consecuencias sociales de hechos cometidos por menores.
En realidad, los menores siempre han de tener algún tipo de consideración. Por eso el artículo 222 del Código 136- 03, establece como objetivo de la justicia penal en la persona adolescente, aplicar la medida socioeducativa o la sanción correspondiente y promover la educación, atención integral y la inserción de la persona adolescente en la familia y en la sociedad.
Debido a las embestida de la delincuencia de adolescentes, se está precisando de un endurecimiento de las penas, o de otras medidas como el establecimiento de otros límites de edad para menores que delinquen. Bien podría ser ponderado un límite de 14 años como edad tope que se considere la minoría de edad, y no de 18.
Las personas e instituciones que se resisten a cualquier modificación de la Ley 136 – 03 para los fines de mayores sanciones, lo hacen con buenas intenciones, pero su visión algo idealista, les lleva a ver la delincuencia de esta población con el mismo cristal con que se mira e interpreta la Parábola del Hijo Pródigo. Ojalá que así fueran las cosas, pero la existencia de las víctimas y todas las consecuencias que esto implica, obligan a llevar el asunto un poco más allá.
Atentamente,
Melania Emeterio Rondón
Santiago

