SANTIAGO.- La casa donde vivió la familia Balaguer-Ricardo en esta ciudad, donada a la Arquidiócesis de Santiago, es un centro de formación donde mujeres víctimas de violencia y madres solteras reciben solidaridad, educación y orientación.
La Hermanas Adoratrices es una congregación de monjas que tiene como filosofía la misericordia, adoración y liberación, que han entendido que aquí hay mujeres con problemas a las que tienden la mano.
En el lugar ellas acompañan a esas mujeres en su proceso de capacitación, educación y rehabilitación emocional, pero los recursos escasean porque no tienen ayuda gubernamental.
Adoran al Santísimo para liberar a la mujer marginadas en cualquier tipo de circunstancia y en la casa hay diversas experiencias.
La hermana Angela Altagracia Medina, superiora de la comunidad religiosa, relató cómo tres religiosas y una prenovicia se convierten en su proceso de capacitación.
Treinta y siete jóvenes que acuden al centro van tres veces por semana y la mayoría no ha hecho el primer nivel de primaria, pero por medio de las escuelas radiofónicas se convierten en facilitadoras y ayudan a hacer dos cursos en un año.
Aquí hay de todo, se trata de un trabajo con madres solteras, mujeres víctimas de violencia o maltratadas, y algunas con problemas difíciles con las familias, dijo la hermana Angela.
Allí hay historias de todos los tipos, pero una de las situaciones más difíciles que les ha tocado vivir es cuando hay jóvenes que han sido violadas por algún familiar y tienen que ser tratadas por los fuertes traumas que eso genera.
Al ser preguntada en relación a si reciben alguna ayuda del Estado la religiosa manifiesta que nosotras aquí no recibimos ninguna ayuda del Estado y tenemos un donativo de la Asociación Cibao de Ahorros y Préstamos cada año y bienhechores y su propia congregación.
Pese a que realizan una labor que correspondería al gobierno las monjas en su acompañamiento de la mujer de la ciudad y de zonas rurales ven cómo se va deteriorando, sin poder reparar la estructura que les alberga desde hace 12 años.
La parte gratificante de la labor realizada por ese pequeño grupo de monjas es el saber que las mujeres a las que prestan sus servicios se sienten valoradas como personas, dice.
Añade que cuando esas muchachas ven que alguien se dedica a acompañarlas y que ellas son personas con valores, se sienten recompensadas.
Las hermanas consagradas, porque no tienen hábitos, reciben durante la semana a las mujeres con las que laboran.
Al celebrar este año su bicentenario la congregación de las Hermanas Adoratrices hacen realidad en el sufrimiento ajeno la prédica de su fundadora Santa María Micaela.
La casa, ubicada en la Máximo Gómez 51, fue entregada al grupo religioso el 17 de enero del 1997, y desde entonces hay una tarja en el frente que recuerda que fue entregada para fines sociales a favor de la comunidad.
Cuando por el lugar pasan personas mayores recuerdan que esa era la residencia de la familia Balaguer Ricardo.
Muchos turistas y curiosos quieren tomar fotos en su interior, pero eso está prohibido por las monjas por tratarse de un lugar religioso.
Todavía hay muebles que fueron de los dueños anteriores, pero eso no es muy importante para las actuales inquilinas.
Las Hermanas Adoratrices requieren de un psicólogo, pero aún esperan de la Secretaría de Salud Pública la aprobación de ese profesional de la conducta para ayudar a las mujeres con las que colaboran.
Realizan una labor que merece más ayuda, pero las gestiones que hacen parecen que caen en el vacío.
Pertenecía:
A los padres del ex presidente Joaquín Balaguer Ricardo.
Donada a:
Arquidiócesis de Santiago.
Uso Actual:
Centro de acogida y formación para mujeres maltratadas.
Ubicación:
Avenida Máximo Gómez 51, Santiago.

