La ley 88-03, dispone el Consejo de Casas de Acogida, compuesto por representantes del Ministerio de Salud Pública, la Procuraduría General de la República, el Consejo Nacional para la Niñez y la Adolescencia (CONANI) y una ONG que trabaje asistiendo a estas víctimas, actualmente Profamilia, con el Ministerio de la Mujer presidiéndolo.
En nuestro país, solo hay dos Casas de Acogida, una de paso y una Modelo y con motivo de la presentación del Manual de Procedimientos y Protocolos de Atención de las Casas de Acogida o Refugios en la República Dominicana, el Consejo fue convocado para reunirse el jueves pasado, teniéndose que suspender por la falta de asistencia de las personas representantes de las instituciones que lo conforman. (La única que asistió fue Profamilia, a la sazón, quien esto escribe).
El tema de la Violencia Contra la Mujer, no es uno que concite la atención del poder dominicano, más allá de las expresiones públicas de dolor que puedan tener funcionarios y funcionarias en tiempos conmemorativos o en campañas promisorias, todo el mundo cuenta muertas, sin que, a pesar de las cifras alarmantes, el statu quo se decida establecer políticas de prevención. ¿Demasiada misoginia en el poder dominicano?
La verdad, al Ministerio de la Mujer, como a otros ministerios, se le hace muy difícil aterrizar las políticas de género para que el Estado dominicano las operativice, aún contando con técnicas entendidas y con una ministra considerada una política fuerte y reconocida en su propio partido. Es una extensión de la misoginia subyacente, disfrazada y encubierta que se maneja con los temas de mujeres en el imaginario político partidista nacional.
Para 2011 y hasta junio de este año, en las dos Casas de Acogida en el país se han refugiado un total de 460 mujeres y menores a cargo, 120 en la Casa de Acogida de Emergencia y 340 en la Modelo. De estos casos, solo hubo un total de 61 agresores apresados y hay 118 que aún están prófugos, una situación que aumenta el riesgo de feminicidio en la mayoría de las mujeres sobrevivientes y sus hijos e hijas.
Solo esa situación amerita que los tres poderes gubernamentales se sientan convocados para prevenir y atender una realidad que se va constituyendo en vergüenza por el fracaso para contenerla, porque a pesar de que se necesitan más Casas de Acogida, en un país donde matan tantas mujeres, no tiene sentido abrirlas si no se puede cumplir con las dos que hay.
¡El Estado dominicano tiene que tomarse en serio esto!

