Verdadera pena
Es terriblemente impactante padecer enfermedades, que, en la antesala de la muerte, se pierde parte del cuerpo por amputaciones. Cuando le toca a alguien cercano, la consternación es inenarrable.
Una de ellas es la gangrena gaseosa, causada con mayor frecuencia por una bacteria llamada Clostridium perfringens, así como por los estreptococos del grupo A, el Staphylococcus aureus y el Vibrio vulnificus.
Bajo condiciones de poco oxígeno, el clostridio produce toxinas que causan muerte tisular. Observar al paciente drenar ese líquido sanguinolento y no poder compartir un momento con él, por el insoportable olor fétido y nauseabundo que despide, resulta desgarrador.
El afectado, a menudo tiene una afección vascular subyacente, diabetes o cáncer de colon. Sufre de taquicardia, fiebre de 39 a 40 grados centígrados, dolor de moderado a severo, piel de color pálido que luego se vuelve negruzca o púrpura.
Impresiona el edema local en miembro afectado, sudoración, vesículas, que se fusionan en ampollas más grandes.
He intercambiado opiniones con algunos colegas, y en este caso particular, luego de fracasar desbridando el tejido muerto e infectado y la escasa respuesta a los analgésicos, penicilinas y oxígeno hiperbárico, se ha recomendado la amputación para salvarle la vida.
No obstante, el pasado jueves, después de observar sus trémulas manos, creo que aún con la medida extrema de la amputación, lo vamos a perder de todas maneras. El mal es sistémico. Doloroso para sus más allegados, pero la realidad es esa y deben prepararse para la hora crucial.
El Congreso Nacional agoniza por gangrena gaseosa, y junto a él, seriamente contaminado, está el Poder Ejecutivo y Judicial. No los salva, a ninguno, ni el médico chino. ¡Una lástima!
