Ya el dictador ilustrado, Joaquín Balaguer, lo había hecho. Retozar con el Partido Revolucionario Dominicano, PRD, era una costumbre. Torearlo, ponerle banderillas, era parte de la diversión. Hasta tuvo sus perredeístas preferidos.
José Francisco Peña Gómez impedía siempre que algo delicado fuera informado o discutido en las reuniones de la dirección política, porque si se hacía, a pocos minutos se conocía en el Palacio Nacional.
Un Caballo de Troya era utilizado contra el PRD, también en las izquierdas y el movimiento de masas. Elito conocía al dedillo lo que pensaba el adversario, hasta sus más íntimas minucias.
Infiltraba y penetraba hasta la coronilla a sus opositores; sus servicios de inteligencia trabajaban sin descanso. Y eso sucedía al compás de las actividades de la CIA estadounidense.
Esa parte del librito es aplicada por el presente gobierno. Además de todos los recursos económicos, más que evidentes, el Caballo de Troya rueda a todo galope en el cansado PRD.
En principio el plan era ambicioso: tener dos candidatos. Uno en el PLD, Leonel Fernández. El otro en el PRD, Miguel Vargas. Ambos garantizaban la continuidad del grupo económico.
El plan falló, como suele ocurrir en política. Se desencuadernó todo el proyecto y era necesario retomar la iniciativa. Se hizo impulsando otro, considerado un mal menor: Danilo Medina.
Muy condicionado, y con su Caballito de Troya, Danilo avanza, poco a poco, hasta que le cierre el camino a Hipólito Mejía. No falta nada. Los recursos para ese fin están a pedir de boca.
La lucha entre esas dos opciones del sistema es desigual: el PRD marcha hacia el matadero electoral. Si se duda, analícese lo que ocurre en la Junta Central Electoral, JCE, y en el Consejo Nacional de la Magistratura.
Y lo que sucede al interior del PRD, es para chuparse los dedos. ¿O no?

