¿Mandrake o Trucutú?
La tragedia que vive Haití será tema de frecuentes cumbres, discusiones y análisis de la comunidad internacional, pero al final los representantes de las naciones pobres harán lo que decidan los países ricos.
Ese despliegue de conmiseración hipócrita de gobiernos de naciones ricas hacia un Haití devastado, es contrastante con la actitud que le ha precedido, ostensiblemente hostil y racista.
Ese tipo de solidaridad va de la mano con las prédicas para crear la falsa idea, de que Haití no puede salir de su crítica situación si no es con tutelajes militares y políticos extranjeros, cuando son unos de sus grandes males ancestrales.
Pretenden demostrar que los haitianos son incapaces de dirigirse así mismos, pese a que derrotaron en el siglo XIX al ejército francés y se emanciparon del colonialismo y la esclavitud, para erigir la primera república negra el 1 de enero de 1804.
Contrastante es la conducta de Cuba, que lleva años en Haití ofreciendo servicios médicos a los más pobres, formando profesionales haitianos de forma gratuita, en un gesto de desprendimiento sin precedente.
De la misma actitud se honra la República Bolivariana de Venezuela, los integrantes del Alba y Unasur, quienes defienden el derecho de los haitianos a decidir su futuro, sin ocupación militar ni imposición de políticas avasallantes que enajenen su soberanía.
La mayor ayuda que necesita Haití en estos aciagos momentos, es que se le respete el inalienable derecho a levantarse de las ruinas, sin castrar sus fuerzas internas.
Ahora los archienemigos de Haití, movidos por sus mezquinos intereses, anuncian soluciones a la crisis haitiana con los mismos artilugios de Mandrake el Mago, los métodos de Trucutú y la hipocresía del doctor Merengue.

