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Anulfo Mateo Pérez

Violencia y sociedad

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En culturas y realidades económicas diferentes a las nuestras, donde al menos el flagelo del hambre, el desempleo, el analfabetismo y la exclusión no tienen los niveles del llamado Tercer Mundo, también se expresa la violencia, porque esta tiene en común su origen en la agresividad innata del ser humano.

La agresividad es biológica, instintiva y está regulada por reacciones neuroquímicas en el reino animal; con la cultura es que hemos conseguido modular ese instinto agresivo y todos los tipos de agresividad.

La violencia genera disfunción social, es relacional, convertida en un problema de salud pública; la podemos encontrar ante el abuso sexual, maltrato familiar, acoso laboral, maltrato escolar, entre otros.

La educación integral basada en la expresión del cariño y corrección de conductas agresivas en los niños, es una parte importante de la “regla de oro” en la prevención de la violencia y sus consecuencias.

La socialización del infante es clave para su comportamiento en la edad adulta, si tenemos en cuenta que hasta los dos años se registra el pico más alto de conductas agresivas, aunque son de muy baja intensidad.

Sin embargo, con la socialización del infante se va inhibiendo esta violencia a medida que el menor va desarrollando conductas alternativas para conseguir sus objetivos y satisfacer sus necesidades primarias.

Existen entre un 5 y un 10 por ciento de menores que, por motivos personales o sociales, no consiguen inhibir esta conducta y se convierten en adultos violentos, que perturban la seguridad y paz social.

En los casos de violencia de alta intensidad, como en niños que matan a otros niños, siempre aparecen dos constantes: tienen una situación familiar mala y son menores excluidos del mundo y de sus compañeros.

Por: Anulfo Mateo Pérez

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El Nacional