Por Anulfo Mateo Pérez
anulfomateo@gmail.com.-
Contrario al anhelo de los dominicanos por un verdadero cambio, el capitalismo salvaje predominante en la República Dominicana seguirá de la mano con el sistema político, que genera exclusión, inequidad, corrupción de Estado e injusticias.
Este sistema lleva en sí sus propias contradicciones que lo llevarán tarde o temprano a su liquidación, pese a emplear ante sus crisis periódicas el desarrollo tecnológico y científico para su “renovación”.
En su codicia, los capitalistas y representantes en el Estado ven como natural oponer a la competencia la del monopolio, y a la libre empresa la corporación. A la división de la tierra, la del gran latifundio, pues la competencia, libertad de empresa y división de la tierra son aún comprendidas sólo como “consecuencias casuales”.
Sin embargo, es una realidad que la fuerza del monopolio, la corporación y el latifundio son sus resultados necesarios, inevitables, naturales y condiciones de su autodestrucción.
Lo que ocurre en nuestro país, sumada la pandemia del coronavirus, como en otros con idénticas estructuras socioeconómicas, nos está llevando a una crisis sin precedentes, que terminará en convulsiones sociales y cambios necesarios.
Los administradores de las crisis, y sus relevos cada cuatro años, están llevando a la nación a un callejón sin salida, y a respuestas populares enérgicas, muy enérgicas.
Es tan profunda la crisis, aunque se pretenda maquillarla, que la preparación técnica, profesional y el trabajo, ya no son la vía expedita para superar las condiciones de miseria de las mayorías.
Los que detentan el poder han obligado a los más pobres a postrarse ante las dádivas, a cambio de su alienación e incondicionalidad política. Hoy, podemos preguntarnos, ¿dónde está el cambio?

