Por Anulfo Mateo Pérez anulfomateo@gmail.com —
La crítica es parte del hacer y mediante ella se contribuye a elevar la conciencia, a enderezar el rumbo equivocado, a fortalecer la democracia verdadera, combatir las injusticias y mejorar las condiciones de vida de los más débiles; me refiero a la crítica que ayuda a corregir lo que anda mal en la sociedad.
Criticar al poder tiene sus riesgos, sobre todo cuando está dirigida a transformar la sociedad y los que detentan el Poder y prevalidos de él responden reprimiendo; desde la sutil amenaza hasta el asesinato.
No obstante, hay críticos que no se amilanan frente a los riesgos, ni retroceden por temor; muchos han pagado con su vida el “atrevimiento” de ejercer la crítica incisiva, como le ocurrió a Orlando Martínez.
Como resultado de la intolerancia, también fueron asesinados el ruso León Trotsky, el español Jesús de Galíndez, el líder obrero Mauricio Báez, el poeta salvadoreño Roque Dalton y a Narciso González (Narcisazo).
Asimismo, los líderes afroamericanos Martin Luther King y Malcom X; el periodista checo Julius Fucik fue perseguido por los fascistas, capturado, llevado a la prisión de Pankrác y al patíbulo, el 8 de septiembre de 1943.
Como ejemplo de firmeza, todos ellos estimularon la lucha por la libertad, los derechos civiles y políticos, por la equidad, conociendo que al enfrentar el despotismo podían perder la vida. Las críticas políticas a los pasados gobiernos crearon conciencia para la irrupción de Marcha Verde, defenestración de Danilo Medina y persecución a la corrupción administrativa por el Ministerio Público.
La crítica creadora es siempre revolucionaria; no es necedad, descarga irracional; ni mucho menos libre de riesgos para quienes la ejercen, contrario a lo que creen los intolerantes de vocación despótica.

