La mayoría de las violaciones en el país quedan ocultas; Lo que a veces no se puede ocultar son sus efectos. De acuerdo con datos provenientes de las oficialías de registro civil (one.gob.do). Entre 2010 y 2019, nacieron 4,145 hijos de niñas de 12 o menos años. Un promedio diario de más de uno. 2,368 tenían 12 años; 986 de 11 años; 504 de apenas 10 años; y 287 contaban con 9 años.
La cifra de violaciones, debe ser mucho mayor, ya que fisiológicamente, embarazarse a esa edad es difícil. El riesgo de morir por un embarazo en el país está sobre el promedio de la región, (95 por cada 100 mil nacidos vivos).
En el caso de una niña cuyo sistema reproductivo no está maduro, su riesgo de complicaciones o morir es más elevado y todavía peor, el riesgo de mortalidad materna acumulado, se incrementa casi exponencialmente con los subsiguientes embarazos.
La mayoría de los depredadores son hombres adultos, muchos de los cuales conviven dentro del círculo familiar. Cometida la agresión se acordaba con la familia un matrimonio forzado, obligando al infante a convivir con su violador.
Afortunadamente, recientemente se aprobó la ley para prohibir el matrimonio infantil.
No obstante, es espantoso que todavía nuestros legisladores insistan en obligar las niñas a parir, pese a los riesgos de salud física y mental.
Hasta hace poco, el derecho internacional permitía que cada Estado decidiera qué hacer con el tema del aborto. Sin embargo, esto ha evolucionado y de común acuerdo con el Comité contra la Tortura (CAT) de Naciones Unidas los países que tienen una prohibición absoluta del aborto en cualquier circunstancia, exponen a mujeres y niñas a la situación de ser humilladas y tratadas con crueldad.
Actos que, aunque no sean cometidos intencionalmente, están absolutamente prohibidos según la ONU.
Por respeto a nuestras madres, esposas, hermanas e hijas; la interrupción del embarazo por violación deberá aprobarse y de paso evitar que sigamos siendo estigmatizados como habituales violadores de los derechos humanos.
“Quien no hable para defender estas niñas, no tiene moral para defender cigotos, embriones y fetos”. En la mayoría de los países en el mundo, en salud reproductiva, las mujeres deciden, la sociedad respeta, el Estado garantiza y las iglesias no intervienen.
Por: Ernesto Guerrero
guerrerocamiloe@gmail.com

