Woman in Gold
De repente o mejor dicho en los últimos ocho años, el saqueo artístico perpetrado por las fuerzas de ocupación Nazi, a través de varios países de Europa, durante la Segunda Guerra Mundial, ha tomado un inusitado impulso.
Dicho ‘momentum’, aunque interesante en sí mismo, puesto que agrega un ‘novedoso’ elemento a una cinematografía –el subgénero nazi– que después de casi 70 años de incesante explotación lucía agotada y reiterativa; no ha dejado, sin embargo, los mejores resultados.
Tal es el caso de‘Woman of Gold’, la cual intenta con tanto empeño en convertirse en una película regia, aguda y significativa que concluye por no alcanzar ni siquiera el más simple de sus objetivos.
Después de la muerte de su hermana, con quien nunca tuvo una relación cordial, dicho sea de paso, MariaAltmann (Helen Mirren), una judía austriaca de la clase alta que se radicó en Los Angeleshuyendo de los Nazis durante la Segunda Guerra Mundial, decide llevar a corte al gobierno de Austria, en reclamo de unas valiosas pinturas de Gustav Klimt pertenecientes a su familia, de las cuales se apropiaron los Nazis mientras regia el llamado Tercer Reich.
Pese al valor y pertinencia de esta historia, el film está inspirado en hechos reales, la puesta en escena de la misma es plana, directa y carente de lucidez. Probablemente, no obstante, el mayor problema de la película se derive de su indefinición.
Bajo la ley de un guion blando, incoherente y superficial, la narración va del drama intimista, al drama de guerra y luego al drama judicial sin abrazar con propiedad ninguno de los tres subgéneros.
Como consecuencia, el tono que impregna el director Simon Curtis a la película es más bien el de un melodrama televisivo de sábado por la noche. Todo luce, claro sin tomar en cuenta la pobre actuación de Ryan Reynolds –quien carece de credibilidad y evidencia que nunca encontró el personaje–; mecánico, metódico y muy a la medida.
El hecho de que buena parte de la película es narrada a intervalos en flashbacks, tampoco aporta gran valor a la producción, y por el contrario, rompe el ritmo, la unidad y con frecuencia la intensidad del momento actual.
Lo que salva a ‘Woman in Gold’ de la hecatombe es innegablemente la actuación de Helen Mirren. Con la complejidad y contradicción de su personaje, ella es creíble y siempre fascinante.

