Vagancia diplomática
Quizás con la advertencia de la Cancillería, de que solicitará la cancelación del personal diplomático que no acude a las sedes donde han sido designados o que se ausenta sin permiso, provoque una estampida de la multitud de embajadores, cónsules y otros empleados de embajadas y consulados que cobran allá pero viven aquí. El canciller Carlos Morales Troncoso anunció la suspensión de los primeros diez empleados del servicio exterior que abandonaron sus respectivas legaciones o que nunca han ido a esos destinos. Falta por saber si esa penalidad se aplicará a muchos embajadores o funcionarios diplomáticos del mayor nivel, quienes cobran un sueldo sin trabajar, bajo el alegato de que cumplen aquí tareas políticas o de que están enfermos. Otros funcionarios, como el destituido ministro consejero de la embajada dominicana en Nicaragua, Radhamés Reyes Vásquez, alegan que los pagos de sus salarios sufren largos retrasos, lo que les imposibilita permanecer en sus puestos de trabajo. La Cancillería está en deber y obligación de desparasitar a un servicio exterior caro e infuncional.
