Una nueva resolución del Ministerio de Administración Pública establece que en el Gobierno se podrán designar sólo 57 viceministros. Aunque el número pueda parecer todavía una exageración, sobre todo en función de sus atribuciones, es mucho menos que los más 300 que inundan en el sector público. El exceso de viceministros, designados en interés del nocivo clientelismo político, es solo una de las polillas que corroen la Administración Pública. También está la dualidad de funciones y el exceso de servidores que drenan el erario. Es inconcebible que este país se permita el lujo de contar con un ministerio Administrativo de la Presidencia y otro de Administración Pública cuando naciones más desarrolladas se han abocado, para eficienzar sus recursos, con la fusión o supresión de entidades. Tal vez nadie quiso percatarse de que, pese a una resolución del 17 de febrero que había sido aprobada por el Consejo de Gobierno para reducir el número de viceministros, la cantidad fue aumentada durante el proceso electoral. Y de ahí que ahora esté por verse que en realidad se cumplirá con la ordenanza que limita la cantidad de viceministros.
