Aunque sirva de muy poco no por ello hay que guardar silencio sobre el festival de préstamos que últimamente ha sancionado el Congreso. Son tantos los créditos internacionales, que lo más probable es que ni las propias cámaras legislativas sepan el monto a que asciende el total. Que hay muchos préstamos buenos, esa es la verdad. Pero también hay otros que los legisladores han debido tomarse siquiera la molestia de discutirlos y no pasarlos sin arruga. De los dos préstamos por 44 millones de dólares aprobados por la Cámara de Diputados hay uno de 24 suscrito con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) que es para desastres naturales. Pero el otro, de 20, suscrito con el Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento es para resarcir los daños causados por las tormentas Olga y Noel que afectaron el país en 2007. Los legisladores no se permitieron ni siquiera realizar una evaluación para determinar si la magnitud de los daños se correspondía con el monto del empréstito. Por ese camino no se sabe a cuánto llegará una deuda pública cada vez más elevada. Los legisladores deben pensarlo.
