La guerra ha terminado. Con esa frase el presidente Barack Obama justificó su decisión de poner fin a la siniestra ocupación de Estados Unidos en Irak. En lugar de guerra, el mandatario estadounidense ha debido hablar de invasión, que es lo que ha representado la incursión en la nación árabe. Comprobado que el derrocado, capturado y ejecutado Saddam Hussein carecía de las armas químicas que sirvieron de pretexto a la ocupación, Obama no ha debido esperar tanto tiempo para cumplir una promesa de campaña. Debió sacar las tropas, que sólo representaban gastos, desde que asumió el poder hace más de tres años. Ahora, en plena campaña por la reelección, se destapa con el retiro total de tropas cuya única función era sostener en el poder a un Gobierno títere. Se especulará que Estados Unidos aseguró el control del petróleo iraquí antes de proclamar la misión cumplida con que Obama ha justificado la salida de los últimos soldados en la convulsa nación. Sin embargo, cunde la interrogante sobre el destino de Irak sin la presencia de soldados que de alguna forma garantizaban la estabilidad social y política.
