El destino de las armas nucleares de Corea del Norte se ha convertido en uno de los factores más perturbadores tras la abrupta muerte de su líder Kim Jong-il. Y todo por el enigma sobre la capacidad para lidiar con una nación plagada de conflictos de Kim Jong-un, el más heredero del poder dinástico. Son múltiples las interrogantes sobre el papel de Norcorea tras el vacío que se ha abierto con la muerte el sábado del gobernante. Es una incógnita si el hijo más joven será capaz de mantenerse en el poder en el último bastión del comunismo de línea dura, y mucho más si puede prevenir que colapse su empobrecida economía. Las bolsas asiáticas todavía no acaban de recuperarse de la caída que sufrieron al anunciarse la muerte del líder coreano. Y sin duda que China, que ha sido el gran protector de la nación asiática, tiene que estar muy empeñada en encontrar una fórmula que garantice la fidelidad del Ejército. De no ser por las armas nucleares con las que Corea del Norte ha desafiado a Occidente no habría tanta incertidumbre con el tercer miembro de la dinastía Kim que en los últimos 60 años asume el poder en Corea del Norte.
