Masacre en Pakistán
Ni siquiera a nombre del más noble de los ideales el terrorismo podrá justificarse como método de lucha. Y se hace todavía más repudiable con masacres tan crueles y siniestras como el atentado en que murieron 132 niños y 16 adolescentes perpetrado por talibanes en una escuela de Pakistán.
La salvaje matanza, propia de psicópatas, justifica cualquier acción contra el terrorismo. Los talibanes, una horda de criminales, todavía han pretendido justificar la masacre perpetrada en la escuela para hijos de militares en Peshawer, Pakistán.
Han señalado que fue en represalia por los renovados ataques del Ejército pakistaní contra sus feudos en la zona que ocupa en Afganistán, próximo a la frontera que comparten los dos países.
Los fundamentalistas, que pugnan por un Estado, se tornan más desconfiados y se alejan de la civilización cada vez que cometen acciones tan irritantes y conmovedoras como el masivo asesinato de víctimas inocentes. Hay que tratarlos como lo que son: un peligro para la seguridad y la paz. La crisis de Pakistán, un país acosado por la inestabilidad política, es una cosa. Y los atentados y atroces asesinatos de fanáticos son otra.

