El presidente Leonel Fernández sigue a troche y moche con su festival de pensiones con cargo al contribuyente. Lo que comenzó con periodistas, muchos de los cuales sin méritos y sin haber dado un golpe en el sector público, se ha propagado a músicos, pintores, maestros, médicos, abogados, agrónomos, ingenieros y a todo quien entienda el Gobierno. El ritmo se ha mantenido con las pensiones de 50 y 40 mil pesos concedidas ahora a 29 pintores, músicos y poetas. Se trata de privilegios que conectan con el clientelismo que se ha atribuido al presidente Fernández en retribución o para ganar respaldo político. Que haya muchas pensiones merecidas no significa que cumplan con la ley, además de contrastar con el sistema de seguridad social. Y en muchas ocasiones no se trata ni siquiera de personas incapacitadas para trabajar, sino hasta de jóvenes y pudientes que desempeñan diferentes labores. Como el Presidente no está por encima de la Constitución y las leyes, las gracias que no cumplan con las leyes tendrán que revisarse, a menos que quiera fomentarse un régimen de privilegios. Esa revisión se torna casi prioritaria, aunque suene irritante.
