Israel ha endurecido la represión contra Palestina en protesta por la resolución de las Naciones Unidas que concedió el estatuto de Estado observador al país árabe. Como se trata de un aliado de Estados Unidos el presidente Barack Obama ha guardado silencio sobre la colonización por Israel de una franja de Cisjordania y la confiscación de más de 100 millones de dólares a Palestina. Sin embargo, Obama ha advertido al presidente de Siria, Bashar el Asad, tan genocida como el israelí Benjamín Netanyahu, que la utilización de armas químicas sería totalmente inaceptable.
Asad resiste desde hace meses una insurrección popular, que ha causado decenas de miles de muertos, en demanda de democracia. Lo de las armas químicas ha surgido con el mismo pretexto que enarboló la Administración de George W. Bush para justificar la invasión a Irak.
Después que las tropas estadounidenses derrocaron a Saddan Hussein y asumieron el control de sus ricos yacimientos de petróleo se determinó que era falsa la versión de las armas químicas. Lo mismo que podía pasar en Siria, que también es una nación petrolera. Pero Israel puede hacer lo que quiera.

