La realidad es que, por más vueltas que se le busque, el Gobierno ha perdido la batalla con Centroamérica por los aranceles a los sacos tubulares y a los tejidos de prolipopileno. La resolución de la Organización Mundial del Comercio (OMC) que culpa a las autoridades de violar el convenio podrá ser apelada, pero, mientras tanto, el país está condenado. Con darle vueltas no se engatusará a nadie ni se revertirá una sanción que, quizá, pudo evitarse. Aunque incluso se minimice, con el fallo que encontró culpable al Gobierno de violar el Tratado de Libre Comercio con Centroamérica se afecta la imagen del país. Son irrelevantes argumentos de que se reconoció que no se actuó de manera inconsistente al aplicar la salvaguardia o de que se cumplieron con las notificaciones. La esencia del asunto se reduce a que República Dominicana fue encontrada culpable y de que, por tanto, tendrá que eliminar los aranceles a las importaciones centroamericanas. Eso de sentar en el banquillo una nación que promueve la apertura de mercados no es el mejor mensaje para la inversión extranjera. Lo mejor sería ponderar muy bien las decisiones.
