Martha Heredia y Vakeró son dos víctimas.
Ambos tienen esa condición atractiva de ser madera del árbol caído.
Y el hacha tan cerca y atractiva.
La tentación es muy grande y el deseo irrefrenable de sentenciar a los demás, extremadamente facilista y atractivo.
Perdonen, pero no me sumo a ese coro.
Estamos en presencia de un espectáculo glorificado por el despliegue mediático por sus implicaciones casi telenovezcas y melodramáticas cuando en el fondo se trata de la condición humana, frágil y defectuosa de dos personas que merecen, más que la condena y la censura, el entendimiento de sus circunstancias.
Deben cargar con las penas que implica su comportamiento, sin dudas.
Ella por la droga que innegablemente le han encontrado.
Y el, por las imputaciones de agresión, si el tribunal le encuentra culpable.
Pero dejemos que esos procesos caminen solos.
No seamos tan mórbidos.
Tan comedores del plato de miel envenenada del amarillismo sensacional y del que nadie recordara nada en seis meses.

