Pensé que no iba a haber un tercer trabajo sobre el autismo. pero coincidencialmente este Jueves Santo es 2 de abril, y como dice el título del artículo, es el día que se celebra a nivel mundial para concienciación sobre el autismo y no está de más recordar, ante las declaraciones del presidente Donald Trump y su secretario de salud Robert Kennedy que habían descubierto una cura para el autismo, así como la reiteración del doctor Ernesto Fadul que lo curaba, que lo fundamental que se necesita para manejar el Trastorno del Espectro Autista (TEA), es impulsar la inclusión, aceptación y mejora de la calidad de vida de ellos y sus familias.
Se promueve el diagnóstico temprano y este 2 de abril se iluminan monumentos de azul. Concienciar, fomentar la comprensión y garantizar los derechos de las personas autistas, así como derribar barreras en educación, empleo y socialización.
Con esos anuncios sensacionalistas de cura, para un trastorno que no lo tiene, quita la posibilidad de que esos pacientes tengan una adecuada atención familiar, una buena inserción escolar, que la comunidad los acepte e incorpore a la vida productiva. Reitero, no hay cura para el Autismo.
Recordar, además, que no es más que un conjunto de trastornos de la esfera psico conductual que hacen que las personas que la padecen tengan un compartimiento particular.
Aunque estamos en Semana Santa, y andamos de vacaciones, es conveniente meditar unos minutos sobre este problema de salud que afecta al 1% de la población mundial y dispongámonos a ayudar a alguna persona, niño o adulto, que tenga la condición, y de paso pongámonos una prenda de vestir azul o un detalle que exprese nuestra identificación con la concienciación, como lo hará el que tiene cerca a un hijo autista y, además, escribe “algo más que salud”.

