Una de las tragedias políticas del país se traduce en la combinación de una estructura partidaria que dirige los destinos nacionales desprovista de sentido patriótico, indiferente por complicidad ante uno de los fenómenos de corrupción más descarados de nuestra historia y la ausencia de alternativas opositoras capaces de ofrecer garantía de que, de corresponderles la sustitución, actuarían en dirección diferente.
Dentro de la partidocracia tradicional, todo está demostrado con resultados desafortunados. A todos les ha tocado su oportunidad y, en mayor o menor medida, son responsables de un presente pesaroso forjado a través de los desastres gubernamentales que han protagonizado.
La política, como todo en la vida, debe nutrirse de realidades para no diluirnos en fantasías e ilusiones. Hay que reconocer que el PRM concentra la mayor fuerza opositora y, aunque se trata de un desprendimiento de una organización tradicional como el PRD, desde el punto de vista formal es nuevo y ha enarbolado un discurso de modernidad pendiente de ser sustentado en los hechos y abocado a corto plazo a materializar acontecimientos que implicarán retos para confirmar o desdecir prédicas.
El PRM debe completar su proceso de estructuración nacional para fortalecer presencia en todo el territorio. Estuvo atinado al elaborar un padrón de miembros, siendo coherente con la posición asumida por su dirección de postular por primarias cerradas.
Inmerso en la celebración de la convención para elegir su dirigencia a todos los niveles, uno se pregunta si estarán conscientes de lo que arriesgan con la forma de llevar a cabo tan magna actividad. El pasado abona el pesimismo, por eso están advertidos que morirán en el intento de salir maltrechos de este episodio.
Para presidente y secretario general se ha rumorado un acuerdo entre las dos corrientes que interactúan a lo interno del partido. Se ha pretendido satanizar el pacto. Difiero de esa valoración. Los acuerdos han sido, son y serán normales en política. Lo importante es que se ejecuten con parámetros democráticos, no impuestos, sin cerrar canales de participación para quienes disientan.
El desafío es para los encargados de hacer un proceso transparente, de competencia libre, con democracia plena, de votos sin limitantes y con escrutinio pulcro y quien ganó ganó.
Si el PRM es capaz de hacer eso, habrá dado un paso gigante en su consolidación y asestado golpe contundente a quienes apuestan a verlo destruirse en la histórica rebatiña originada en el vientre que lo parió.

