Sinfonía tropical
(A Danny León, in memoriam)
Muchos amigos me preguntaron —luego del exitoso debut de Ramón Oviedo como compositor —si acaso su mural «Sinfonía tropical» (81” X 144”) no sería el deseo del pintor de vestirse de música, convirtiendo en realidad pictórica su melomanía. Aquella pregunta estaba vinculada, desde luego, a las constantes canciones que Oviedo venía componiendo desde finales de los años setenta y al lanzamiento de su primer disco de baladas, «Fernando Casado interpreta a Ramón Oviedo» (en 1991), con arreglos del compositor Danny León.
Sin embargo, el mural «Sinfonía tropical», realizado cuatro años antes del lanzamiento de aquel álbum (1987), no fue más que la continuación temática de un pintor para quien siempre la música estuvo presente, no sólo en su obra, sino como una rosquilla atragantada en su garganta.
En sus «Memorias fonéticas» —una grabación magnética donde Oviedo narra su vida—, hay un capítulo que dedica a su infancia, revelando cómo a la edad de diez años descubrió la música, el tango, a través de Carlos Gardel:
«Recuerdo como si fuera hoy a un joven que se sentaba en la esquina de la calle ’10 de septiembre’, (la que pasa por detrás de la hoy Clínica Abreu, de Ciudad Nueva). En aquellos tiempos las aceras eran muy altas y cuando nos sentábamos sobre ellas los pies quedaban colgando. Una de esas tardes, el joven —que tenía la piel muy blanca, por lo que era señalado por los muchachos del barrio como proveniente del Cibao—, comenzó a cantar tangos del repertorio de Carlos Gardel y fue en ese instante que nació mi simpatía por la música emblemática de Argentina. El tango que el joven entonó aquella tarde fue ‘La cama vacía’».
El mural «Sinfonía tropical» conjuga las vivencias musicales de Oviedo y fue una vía expedita para domesticar sus deseos de abrirse a la música, a ese espacio de sonidos que aguijonea los sentidos y permanece realimentándose continuamente hasta convertirse en un excedente de motivaciones que se abren -sin condiciones- a la creación.
Desprovisto de toda ideología, «Sinfonía tropical» fue una obra creada por Oviedo, no para satisfacer al Banco Hipotecario Dominicano, su adquiriente, sino para satisfacer al músico que llevaba dentro. Los personajes del mural tocan sus instrumentos recostados sobre un paisaje en el que se vislumbran cabañas levantadas en las montañas y transmiten al lector que la música tocada es vernácula. Pero Oviedo también introduce en la obra un edificio de apartamentos para anexar lo citadino y construir, expresar, una refulgencia de totalidad.
En el mural, los instrumentistas adquieren la plasticidad de una tradición musical trasmutada y enroscada a la historia de un país como el nuestro, donde el enmascaramiento y la angustia subyacen paralelos a la alegría.
Lo maravilloso del mural «Sinfonía tropical», sin embargo, es el estallido de colores y la sobrecogedora factura de su ordenamiento, donde cada figura alberga una importancia singular, dimensionando lo continuo-discontinuo de nuestra historia y estableciendo una unidad entre composición, plasticidad y relato.

