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Efraim Castillo

El nepotismo

Un amigo me invitó a confrontar el nepotismo del trujillismo con el ejercido por el danilismo, una tarea difícil, ya que a la tiranía le han faltado historiadores que reconozcan sus aportes a la modernización del Estado dominicano y le han sobrado los atrapados en resentimientos personales, los cuales se han agrupado para juzgar como perjudicial todo lo proveniente de ella. Y este desequilibrio podría desbalancear un poco la analogía.

Pero los hechos están ahí: imperturbables y aptos para juzgarse de acuerdo a sus alcances: Trujillo ejerció sus mandatos a sangre y fuego, cometiendo innumerables abusos y asesinatos que constituyeron sus antivalores fundamentales, mientras que el danilismo, a mi entender, sólo le aventajó en uno: el nepotismo.

El nepotismo, como aberración social, no emergió en la historia humana con Pisístrato [607-527 a. C], ni cuando los romanos emplearon el vocablo nepotis [sobrino] para identificarlo durante el Primer Triunvirato, constituido por Gneo Pompeyo Magno, Cayo Julio César y Marco Licinio Craso [60-53 a.C.].

El nepotismo surgió en el paleolítico superior, cuando el jefe cavernícola prefirió a su sobrino o amigo para representarlo en las reuniones de la tribu. O sea, el nepotismo ha habitado en la especie humana desde que ésta culturizó su entorno a través de artificios durante el paleolítico superior, y por eso este flagelo —que invita a la arrogancia, al abuso y a menospreciar las cualidades intrínsecas de los demás— aún gravita e invita a la corrupción, convirtiéndose en un cómplice activo de aquellos gobernantes a los que el poder enceguece, como [verbigracia] Rafael Leónidas Trujillo [1930-1961] y Danilo Medina [2012-2020], quienes creyeron que sus parientes eran representantes de los valores requeridos para puestos específicos, violando los cánones de la meritocracia.

Por eso, el antitrujillismo no surgió sólo debido a los asesinatos y abusos del dictador; el antitrujillismo emergió también como una consecuencia de un feroz nepotismo que se engranó en el tejido social dominicano, en donde hijos, hermanos, sobrinos, cuñados, primos, queridas y amigos del tirano, contribuyeron con sus arrogancias a multiplicar una repulsa que, harta de las arbitrariedades del sistema, lo descabezó la noche del 30 de mayo del 61.

El nepotismo ha sido una lacra, un cáncer que ha contaminado la política dominicana, causando grandes actos de corrupción, tal como aconteció durante la tiranía; pero nunca había explosionado como en estos fatídicos ocho años del danilismo, en que su esposa, hermanos, hermanas, cuñados, concuñados, primos de los cuñados, guardaespaldas, amigos de los hermanos, amantes, novias, etc., fueron nombrados en puestos claves de la administración pública, justo allí en donde se mueven vigorosamente los fluidos monetarios.

Después de realizar esta comparación, le expresé a mi amigo que el nepotismo del danilismo superó ventajosamente al practicado por Trujillo en alrededor del dos por uno. Y creo que así como aconteció en el pasado, en que el nepotismo fue una de las causas del odio engendrado hacia la dictadura, es necesario admitir que también fue el motor de la derrota electoral del danilismo.

Por: Efraim Castillo

efraimcastillo@gamail.com

El Nacional

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