¿Y el boschismo? 4
Algunos historiadores y sociólogos afirman que el boschismo comenzó a morir desde que requirió del balaguerato para alcanzar el poder. Arguyen que Leonel Fernández —como cabeza del PLD tras el retiro definitivo de Bosch— pudo esgrimir la bandera del boschismo en su primer mandato, pero estuvo mediatizado por un congreso desfavorable en ambas cámaras, e intoxicado por la influencia de veintidós años de un balaguerato que arropó el horizonte político.
Sin embargo, mucho del boschismo intervino en el primer gobierno de Leonel, logrando algunas de las medidas que modernizaron el Estado; y para ello contó [mediante promesas y canonjías] con el respaldo mayoritario de la oposición, pudiendo promulgar en junio de 1997 la Ley General de Reforma de la Empresa Pública, reestructurar el CEA, la CDE y las veinticuatro empresas agrupadas en CORDE; asimismo, creó en 1997 la Autoridad Metropolitana de Transporte [AMET], la Oficina Metropolitana de Servicios de Autobuses [OMSA], introdujo en la administración pública el uso eficiente de las nuevas tecnologías frente a las puertas del Siglo XXI, y aprobó la Ley General de Telecomunicaciones [la 153-98], de acuerdo a los convenios y tratados internacionales para garantizar un eficiente servicio en las comunicaciones.
Acostumbrado el país a un mandatario como Balaguer, poco dado a abandonar el país, los constantes viajes al exterior de Leonel para participar en reuniones de la OEA, Las Américas, la Asamblea General de las Naciones Unidas y a lejanos países de Asia, sorprendieron a la nación.
Pero es preciso reconocer que esos viajes nos abrieron a encuentros altamente beneficiosos en una geopolítica cambiante: conectaron la nación con el exterior y nos abrió a una nueva manera de ejercer el poder, aunque por lo bajo se arrastraban los vicios heredados de la dictadura y los mandatos unipersonales de Balaguer, en donde el espionaje se hacía sentir con fuerza.
Esos lastres, asociados a la ventana neoliberal abierta por Leonel para complacer a un empresariado empeñado en asumir los controles direccionales de la economía, comenzaron a quebrar las señales de un boschismo enfocado en alimentar la noción de liberación en el sujeto dominicano.
Algunos sociólogos dominicanos arguyen —sobre todo los vinculados a la izquierda romántica— que Leonel Fernández se dejó atrapar por un neoliberalismo que Balaguer atajó rotundamente a su regreso como gobernante en 1986, reiniciando programas socioeconómicos sujetos a su formación económica neoclásica.
Esos mismos sociólogos enarbolan la tesis de que fue ese neoliberalismo el que echó del poder a Fernández en el 2000 e impidió el triunfo de Danilo Medina ante Hipólito Mejía, tras el fracaso de lo presupuestado con el achicamiento del Estado, sobre todo los beneficios esperados en la Ley General de Reforma de la Empresa Pública [la 141-97], que incluía CORDE, CDE, la Industria Hotelera Estatal y el CEA, una legislación que parecía emanada desde las teorías y cátedras de Friedrich Hayek y Milton Friedman. O sea, Leonel desprendía al Estado dominicano del patrimonio heredado de Trujillo y ahí comenzó a resquebrajarse el boschismo.
Por. Efraim Castillo
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