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Efraim Castillo

¿Y el boschismo? (y 7)

La corrupción de Estado provocada por Odebrecht desde el 2002, no sólo nos costó dos mil millones de dólares y un sinfín de escándalos, sino que incidió en la división definitiva del PLD; un fraccionamiento alimentado, además, por tres elementos que se inyectaron con inusitada furia en su directiva: a) la pérdida de los valores y principios de la doctrina boschista; b) la ambición desmedida de poder y riqueza de varios de sus dirigentes; y c) el pugilato entre Leonel Fernández y Danilo Medina por alcanzar un lugar en la historia a través de mandatos presidenciales; una burda emulación del afán de Joaquín Balaguer por sobrepasar a Buenaventuras Báez en el ejercicio del poder [o sea, la angurria del danilismo versus la glorificación del leonelismo].

Esos factores —abonados por Odebrecht, que aportaba el dinero negro en los enfrentamientos— enceguecieron al discipulado mimado del boschismo. Y sería bueno preguntarse, porque la duda siempre se mueve pendularmente, si Juan Bosch no sospechaba que bajo la piel de oveja de sus queridos alumnos no se guarecían lobos de afilados colmillos, ya que desde 1982 —y cada vez que podía—, repetía para consumo del país y la membrecía peledeísta que “los dominicanos saben muy bien que si tomamos el poder no habrá un peledeísta que se haga rico con los fondos públicos; no habrá un peledeísta que abuse de su autoridad en perjuicio de un dominicano; no habrá un peledeísta que le oculte al país un hecho incorrecto, sucio o inmoral”.

¡Pobre Bosch! Su pulcritud y decencia le impidieron ver, sentir y oler los lobos y cuervos que habitaban aquella tribu de hombres que creyó seleccionar y educar bajo una doctrina que reunía esencias humanísticas, sociales, económicas y políticas; un seleccionado nomotético para posibilitar un esplendente tránsito en el discurso histórico dominicano.

¡Pobre Bosch!, sin lugar a dudas el político más limpio y dedicado del país y bajo cuya tutela crecieron el PRD, el PLD y sus hijos volitivos [entre los cuales se encuentra el PRM], que no podrán negar los genes boschistas que circulan por sus venas. Y es prudente decir que ese ADN, con seguridad, circula límpido en las venas de quienes aún [como yo] creen en su legado.

Hoy, como una venganza de la historia, aquel acusador álbum de la corrupción publicado en 1981 por la dirigencia del PLD —integrada, mayormente, por militantes provenientes de hogares humildes y pequeño-burgueses—, se ha convertido en un vengativo boomerang, en un documento que les sirve como anillo al dedo; como la misma horma de unos zapatos que nunca pensaron calzarían.

Pero quedan varias preguntas: ¿podrá alguien reivindicar el boschismo? ¿Llegarán Leonel Fernández y Danilo Medina a rasgarse las vestiduras y pedir perdón a Bosch por la traición que le infligieron, apoyados en un comité político que operó como un presídium soviético para deshacer a su antojo el sueño doctrinario del político dominicano más fecundo? ¿Surgirá desde la descomposición del PLD un liderazgo verdaderamente boschista?.

POR: Efraim Castillo
efraimcastillo@gmail.com  

El Nacional

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