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Efraim Castillo

Las promesas

En la ponencia de Joseph Napolitan en la Decimonovena Conferencia Anual de la Asociación Internacional de Asesores Políticos [1986], hay un capítulo, el 35, en donde el creador histórico de la asesoría política detalla el porqué los candidatos con posibilidades de ganar no deben descender al campo de las promesas extremas:

“El candidato [especialmente si tiene grandes posibilidades de ganar] no debe hacer promesas exageradas. Prometer más de lo que se podrá cumplir tiene un coste, ya que aunque muchos electores olvidan lo prometido, los adversarios lo recordarán. También puede suceder que las promesas sean tan exageradas que lleguen a sonar a falso y dañen la credibilidad del candidato.”

Lo expresado por Joseph Napolitan en aquella ponencia de 1986 debería servir de consejo a los candidatos que protagonizan la campaña electoral que se desarrolla en el país, para que no entren en la trampa del rejuego de las promesas irrealizables; sobre todo Luis Abinader, que encabeza las encuestas. Porque, ¿qué le espera al país luego de esta pandemia que nos abocará a una estrepitosa caída de los servicios y que, por ende, hará menguar nuestro PIB? En el rejuego de las promesas ilusorias el candidato del danilismo ha ofrecido de todo: trabajo, becas, transporte, comida y hace énfasis en la palabra “gratis”, lo cual ha provocado un eco que ha rebotado con fuerza en los recintos de la oposición que lidera Abinader, cuyos estrategas han debido explicarle la maldición que encierran los compromisos que exceden la realidad, y recordarle que lo prometido en los momentos de crisis tiene que emparentarse a ella, nunca sobrepasarla, tal como lo que prometió Winston Churchill al asumir el cargo de Primer Ministro de Gran Bretaña, el trece de mayo de 1940 [en sustitución de Arthur Neville Chamberlain], mientras Inglaterra era asolada por los bombardeos nazis: “sangre, lágrimas, esfuerzo y sudor [blood, toil, tears and sweat]”.

Sin embargo, sí hay promesas que Abinader debe ofrecer y remachar constantemente a los cuatro vientos, haciendo hincapié en las involucradas en el cambio: la erradicación definitiva de la impunidad, que es apadrinada por un aparato judicial corrupto; el encarcelamiento de los canallas que, para enriquecerse, roban los dineros del erario público; la eliminación del nepotismo y la prevaricación; la reestructuración profunda de la organización hospitalaria y del sistema educativo, cuyos ejercicios los ha viciado la corrupción; la extirpación de la política en los cuarteles militares y policiales, en donde aún prevalece la esencia del trujillismo; la puesta en marcha de un programa fronterizo que suprima los indecentes tráficos de personas, drogas y armas; la viabilidad de una política cultural que inserte como materias académicas la literatura, la plástica, la música, el teatro y la danza.

Estas son las promesas que el país espera oír, ansiosamente, desde las voces de Abinader y los demás candidatos opositores, porque son promesas que el danilismo, por incumplirlas, no podrá nunca ofrecer. Estas son promesas que emulan, pero en sentido inverso, la que hizo Prometeo acerca del fuego.

Por: Efraim Castillo

efraimcastillo@gamail.com

El Nacional

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