Delirantes y envilecidos, como suelen estar los actuales inquilinos de Palacio, dos o tres deben mantener la cordura. Afortunadamente, la historia siempre le ha reservado un discreto espacio al reducido grupo que ee atreve a interponerse entre el dragón y su furia.
Plagas de adulones, farsantes, oportunistas, mentirosos y artesanos de la palabra azotan esos predios, carcomiendo el cuerpo político y económico de una sociedad casi en descomposición.
Pregonado el mal ejemplo y callada la conciencia colectiva, prospera, amenazante, la ambición y la insensatez de quien se aferran al poder.
Constreñida, el alma se levanta. Así, venciendo el miedo, los pastores de la Iglesia dan el grito de alerta. Cristo exorcizando el templo, expulsa a los mercaderes: mi casa es casa de oración, pero vosotros la habéis convertido en cueva de ladrones.
Es oportuno referir que, en El Rey Lear, Shakespeare prodiga la sabiduría y prudencia que tanto escasea entre los que tienen la fortuna de gobernar. Lear expulsa a Cordelia por serle fiel, franca y honesta. Se rinde ante los halagos de otras dos hijas que, luego, lo abandonan y traicionan. Arruinado el monarca retoma la cordura al lado de la juiciosa e indulgente Cordelia.
Por considerarlas oportunas y útiles, anotamos estas premonitorias advertencias a un delirante Rey Lear, de su medico y amigo fiel, el Duque de Kent y de su abnegada hija Cordelia:
KENT
[ ] Kent será irreverente si Lear está loco. ¿Qué pretendes, anciano?
¿Tú crees que el respeto teme hablar cuando el poder se pliega a la lisonja?
Si la realeza cae en la locura, el honor ha de ser franco. Conserva tu poder y, con mejor acuerdo, frena tu odioso arrebato. Respondo con mi vida de que tu hija menor no te ama menos y de que no están vacíos aquéllos cuya voz apagada no resuena en el vacío.
CORDELIA
El tiempo mostrará toda doblez. Las faltas que primero oculta, al fin las descubre y las expone la vergüenza.
Dicho y copiado todo esto, enriquecido por la santidad Cristiana y el genio de Shakespeare, queda muy poco que agregar. Sólo destacar el valor y la entereza de quienes no temen oponerse a la reelección, defendiendo enérgicamente la Constitución de la República.
