Desafortunadamente, el sistema de partidos políticos de la República Dominicana siempre se ha visto amenazado, de una forma u otra, por el fenómeno de la corrupción. Dicho fenómeno se ha encargado de desacreditar a las organizaciones que, en su momento, han administrado las arcas del Estado y, además, han gravitado en el escenario político dominicano por más de treinta años, entiéndase PRSC, PRD (con la excepción del gobierno de Juan Bosch) y PLD.
Efectivamente. Todos los partidos políticos que han gobernado nuestra sociedad se han visto salpicado, unos más que otros, por escándalos de corrupción administrativa.
La clase política acomodada de nuestra sociedad tiene una alta cuota de culpabilidad en lo referente a los cuestionamientos que se les hace a los políticos que fueron altos funcionarios gubernamentales y que hoy día están siendo señalados como corruptos por haber manejado, supuestamente, de manera inadecuada los fondos públicos.
¿Qué los lleva, realmente, a cometer actos de corrupción? ¿Por qué de manera olímpica deciden alejarse de la ética y de la transparencia? ¿Cuál es el motivo de negarse a presentar, sin mentir, su Declaración Jurada de Patrimonio? ¿Acaso desconocen que en cualquier diccionario se encuentra la definición de la palabra corrupción? A saber: «Acción y efecto de corromper.
Apropiarse de lo ajeno. En donde un individuo o más actúan con el único fin de enriquecerse de manera ilícita. Aprovecharse indebidamente de los fondos públicos».
Nadie en su sano juicio puede negar que nuestra sociedad se siente lastimada y engañada por algunos partidos políticos dominicanos.
Por. Oquendo Medina
oquendomedina@hotmail.com

