Con la captura de José David Figueroa Agosto y Sobeida Féliz no se está cerrando un caso inherente al bajo mundo del narcotráfico. Ahora vienen las posibles consecuencias, las cuales pueden expresarse mediante la comisión de crímenes que conmoverían a toda la sociedad dominicana.
Hay pánico en funcionarios civiles y militares, que han llegado a sacar a sus familiares al exterior, como forma de prevenir atentados criminales. Personas con grandes fortunas económicas no pueden disfrutarlas y viven en la intranquilidad, ante el peligro inminente a que se exponen.
Todos aquellos que estén en capacidad de confesar datos que comprometan a personalidades poderosas, involucradas en el caso, corren serios peligros, como de hecho ha ocurrido, a modo de ensayo, hace apenas semanas.
Pero también los poderosos, civiles y militares, que tienen cuenta pendiente con José David Figueroa Agosto no pueden dormir tranquilos. El capo está preso en Puerto Rico y no saldría de la cárcel por el resto de su vida, al menos que se escape de nuevo. Se trata de un hombre con la suerte echada, pero con mucho poder. Y en su caso, ya no tiene nada que perder.
La historia indica que los narcotraficantes son altamente vengativos y operan vinculados a redes internacionales. Son rígidos en sus persecuciones y pocos se les escapan. Es una forma de ganar la batalla, sembrando el terror y el temor en los pueblos.
Es una lástima que la complicidad y la ambición desmedida de riqueza económica de funcionarios civiles y militares, de las últimas administraciones, sean elementos causales del auge del consumo y venta de estupefacientes, contribuyendo a los altos niveles de criminalidad que vivimos. Y los crímenes que podrían producirse en las próximas semanas conmoverían a todo el país.

