¡La epopeya incompleta! (XII)
Entre las dos de la tarde del sábado 24 y las doce de la noche, la ciudad de Santo Domingo estaba sobrecogida de la sorpresa y el temor. A las siete de la noche, el doctor Donald Read Cabral compareció ante la nación por los medios de comunicación radiales y televisivos reconociendo que había un campamento en estado de rebelión. A las doce de la noche las tropas de avanzada del Campamento 16 de agosto, Unidades de Infantería, comenzaron a entrar a la ciudad.
la una de la mañana del domingo 25, por la frecuencia de Cincuenta Kilos de la Onda Cultural de Radio Santo Domingo Televisión, frecuencia que antiguamente había pertenecido a Radio Caribe, se escuchó la lectura de una proclama militar. En las primeras horas de la mañana del domingo, la ciudad estaba tomada por las fuerzas Militares Constitucionalistas que recibían caluroso apoyo popular en todos los barrios y sectores.
Todavía a las diez de esa mañana la dirección civil del Movimiento Constitucionalista guardaba una actitud pasiva. En el jardín de la casa del arquitecto Leopoldo Espaillat Nanita, ubicada en la avenida Bolívar esquina Leopoldo Navarro, el doctor Molina Ureña, acompañado de su asistente, el arquitecto Espaillat Nanita, esperaba informes del avance de las tropas insurrectas hacia el Palacio Nacional.
Allí nos presentamos el doctor Ramón Blanco Fernández y el autor de este testimonio, cuando Molina Ureña comunicaba al dirigente perredeísta Pey Pujols, vestido con traje militar, que él no entraría al Palacio mientras los miembros del Triunvirato estuviesen allí si no apresarlos.
El nos autorizó a trasladarnos a la casa de Gobierno y conversar con el jefe militar de la avanzada que tenía rodeado el Palacio. La guarnición del Palacio no ofreció resistencia y cuando llegamos a las puertas de la avenida México, el Coronel Francisco Caamaño Deñó y otros militares superiores estaban reunidos en medio de la calle.
Caamaño Deñó estaba con una camisa de mangas cortas y un pantalón militar. Era el oficial de más alto rango de los que estaban presentes. Por las puertas de hierro caminaban hacia afuera del recinto palaciego el general Renato Hungría y otros oficiales del Ejército. Hungría se detuvo y dijo a Caamaño Deñó: ¨Francis, este momento es de ustedes los jóvenes, porque los viejos hemos fracasado¨.
Caamaño Deñó, con su habitual franqueza, le respondió en tono socarrón: ¨Ahora la responsabilidad es de los jóvenes porque nos echamos la vaina¨. Los militares depuestos abordaron sus automóviles y se marcharon sin ser molestados. Los funcionarios de la embajada de Estados Unidos mostraron de manera inmediata su objeción al movimiento militar.
El embajador Tapley Bennett estaba fuera del país y regresó en horas de la tarde del 25 de abril. A partir de entonces se comprobó que la jefatura política del Partido Revolucionario Dominicano no solamente estaba fuera de la dirección del movimiento, sino particularmente que no existía entre ellos la menor unidad de criterio. Todo el peso de la responsabilidad recaía en Molina Ureña, quien trató de hacer lo imposible para que el control y la autoridad en la dirección del movimiento no se escaparan de sus manos. Pero quienes menos lo ayudaban en sus empeños eran sus compañeros de organización.
Las vacilaciones y las dudas de los dirigentes perredeístas que desde el primer momento vinieron a respaldar el movimiento, terminaron dando fuerza y agresividad a la resistencia de la embajada norteamericana que convenció a los jefes militares de la Aviación y del Centro de Enseñanza de las Fuerzas Armadas para que se opusieran al regreso de Bosch. Continuaremos…
Por: Euclides Gutiérrez Félix
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