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CRÓNICA DEL PRESENTE

CRÓNICA DEL PRESENTE

Euclides Gutiérrez Félix

¡Vámonos con Dios!

En reiteradas ocasiones, por no decir muchísimas, hemos advertido los peligros que está enfrentando el pueblo dominicano, a lo que viene a sumarse ahora una situación de carácter mundial, que hemos señalado como el más peligroso; de esos peligros o problemas como los de la pandemia de la covid-19, que obligan por razones humanas y civiles, a todas las personas, aceptar la vacunación sin importar la edad, posición social o económica, al que se suman una extensa variedad, producto del desorden que en el orden social está viviendo la nación en los cuales hemos visto episodios increíbles propios de una película de terror. Secuestros, homicidios, asesinatos y creciendo en número de los que mueren, o pierden la vida, en accidentes automovilísticos de vehículos pesados y los accidentes con motores o motocicletas, que son los más numerosos.

En los últimos meses del corriente año solamente queremos hacer mención de dos episodios: la muerte de dos Pastores Evangélicos en Villa Altagracia, que fue ocasionada por agentes de la Policía Nacional al disparar sobre un vehículo en el que transitaba un matrimonio, dedicado al servicio religioso.

Ese otro episodio más espeluznante que el primero, que fue el asesinato, tras persecución, de una dama arquitecta profesional que transitaba por la llamada Avenida de las Américas, acompañada de una hija adolescente de apenas 16 años de edad, cuando regresaba desde Boca Chica hacia Santo Domingo, en las primeras horas de la noche, distinguida dama que estaba en el cumpleaños de su padre, que había sido festejado en Boca Chica. Ese asesinato monstruoso, abusivo y cobarde lo ejecutó un agente de la Policía Nacional con el rango de cabo, acompañado de un motorista profesional y en presencia de militares miembros de la Armada que transitaban en un camión de esa Institución.

Ese asesino imperdonable, responde al nombre de Janly Disla Batista homicida de la arquitecta Leslie Rosado, en presencia de su hija a quien apuntó con el arma homicida, la cual llorando le pidió que no la matara.

Pero lo más insólito en ese hecho doloroso e inolvidable, fue que el asesino cargó con el cuerpo de su víctima herida de muerte, en las piernas de él para llevarla al hospital al cual cuando llegó, Leslie Rosado había fallecido. ¡Vámonos con Dios, Dominicanos!; refrán o sentencia que el autor de esta columna, que no es creyente, aprendió y nunca ha olvidado en La Cárcel de la Victoria cuando, en los primeros meses del año 1973, estábamos en prisión después del homicidio del Coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó, Presidente de la República en Armas, quien había sido escogido por Juan Bosch prácticamente obligado aceptar el cargo cuando la intervención militar estadounidense, del 28 abril de 1965.

Hemos ratificado también en muchas ocasiones que Fidel Castro Ruz, bautizó a nuestro pueblo como ¨Legendario, Veterano de la Historia y David del Caribe¨; pero todas estas cosas que están sucediendo nos obligan a todos los dominicanos, comenzando por el Presidente de la República, el ciudadano Luis Abinader, a convocar, enérgicamente, pero con respeto, a todos los Partidos políticos y a las dominicanas y dominicanos que residen en el exterior, a preocuparnos profundamente, no solamente por el futuro de lo que pueda venir, sino especialmente por los momentos que estamos viviendo, no solo por la Pandemia sino particularmente por la conducta delictiva, de importantes Instituciones como es el caso de la Policía Nacional, donde estamos seguros que los criminales, asesinos y ladrones no son mayorías, sino una despreciable y abusadora minoría: ¡Vámonos con Dios!.

Por: Euclides Gutiérrez Félix

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Euclides Gutiérrez Félix

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