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Cuento de Navidad

Cuento de Navidad

Susi Pola

Ramonita, a principios de este diciembre cumplió 22 años y no pudo salir a tomar un helado con su hijo de 9 años, porque no tiene dinero que gastar, apenas gana para mal comer, como dice ella misma, sin una entrada segura tiene que prostituirse para que ambos sobrevivan. Y tanto que busca trabajo, de lo que sea, dice ella, puede lavar, cocinar y limpiar, pero no encuentra quien la emplee. Ella cree que es porque vive en un barrio de Santiago, demasiado desacreditado, donde hay mucha gente sin trabajo, y en el que, a las 5 de la tarde, ahora que oscurece temprano, tienen que trancarse en sus “casas” por la delincuencia.

Hija de una adolescente, su madre la tuvo a los 11 años, fruto de una violación de un vecino del cual solo sabe que, al poco tiempo, se fue para Nueva York. No conoce a su padre. Después de ella, su mamá tuvo otros tres partos, con hombres que vivían un tiempo con ella, buscando la “estabilidad de hogar” que tanto mencionan en la iglesia, porque su mamá es cristiana. Cuando tenía tres años y dos hermanitos pequeños, su abuela se hizo cargo de ella.

Su abuela, una mujer joven, vivía en pareja con un hombre que fue un abuelo para Ramonita, pero que se murió al poco tiempo. En la casa de ellos también vivía el segundo hijo de su abuela, medio hermano de su mamá, que tenía 25 años, de nombre Elvis. Y Elvis violó a Ramonita cuando ella tenía solo 11 años. Cuando se lo contó a su abuela, ella no le creyó y echó a la niña a la calle por “puta y provocadora”.

Una vida joven marcada por el dolor y la desesperanza
Las amiguitas que le dieron cobijo, cuando supieron que estaba embarazada, le consiguieron pastillas que abortan en la farmacia, y así se desembarazó. Con muchísimos dolores tuvo que acudir al Hospital Infantil, donde contó que “se resbaló y se cayó por unas escaleras”, y nadie investigó de ese embarazo a una niña de 11 años.

Después, las amiguitas de Ramonita la llevaron a un famoso prostíbulo en las afueras de Santiago, donde se quedó hasta que tuvo a su hijo, fruto del embarazo con un “cliente”. No tenía adonde vivir. Actualmente, paga una habitación semanal en la que vive con su hijo. Sufre de anemia crónica y no pude comprar alimentos adecuados, para ella, su hijo es primero.
No es un cuento, es cierto. El nombre es diferente, claro. Acabo de preguntarle qué hará, hoy, en Nochebuena y en Navidad. Me dijo que, para ella, todos los días son iguales.

El Nacional

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