La extraordinaria soprano Paola González y el tenor Enmanuel Vargas ofrecerán el sábado 30 próximo su concierto Noche de Romance en la Sala Juan Francisco García del Conservatorio Nacional de Música, para colectar fondos a fin de cubrir sus estudios de post-grado en Italia. Hay que apoyarles. Compren sus boletas ya mismo llamando a los teléfonos (809) 875-7540 y (829) 816-6829. Cuestan 300 y 500 pesos.
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Allan Stewart Königsberg, mejor conocido cinematográficamente como Woddy Allen, pude darse el lujo de filmar cualquiera de sus guiones y la gente hará fila para pagar entradas, no importa lo que sea.
Las filas para ver A Roma con Amor, que exhibe Fine Art`s, son extensas en las dos salas que la proyectan, probablemente continuará atrayendo gente, dígase lo que se diga de esta producción, que internacionalmente ha causado interrogantes de la crítica.
Allen se queda a medio camino de innovación y creatividad, produce una comedia es hilarante, pero queda por debajo de sus otras películas en las que insuflaba el alma, la cinematografía incisiva y sarcástica de amor y destino, de parejas y soledades con que nos impresionaba.
Allen no se ha gastado a si mismo, pero en De Roma con Amor (To Rome with Love) hubiéramos deseado mas del estilo original, el producto de un maestro que sabe ahondar en el alma humana y cifrar en códigos de cine los intrincados senderes del amor y el desamor.
Es una comedia muy por encima de las comedias que ofrece la cartelera y debe ser vista como parte de todo el videograma de un cineasta que mínimamente tenga respeto por el cine, pero Allen se ha dejado recuperar por la marca que es y, en esta cinta, se ha descuidado. Se repite en estereotipos y se da el lujo de iniciar su película con la peor introducción que le hayamos visto: ese policía de tránsito que hace el planteamiento inicial y que además cierra las acciones en la Plaza Española, de Roma.
El mejor premio de la cinta es su propia actuación, la crítica mordaz a los medios de comunicación que caprichosamente otorgan fama y nombradía estelar a cualquier hijo de vecino sin nada en la bola ( y que tiene en Roberto Benigni la mejor selección de casting) y la voz del tenor que no puede cantar en un teatro sino está bajo el agua de la ducha.
Salvo a Allen, que se interpreta con genialidad a si mismo y lo hace excelente, Alex Baldwin, que también se auto-interpreta y que se luce como alter ego y la hilaridad basada en un personaje anodino que hace Benigni, nos ofrece un concierto de actuaciones o previsibles o disparejas.
Jessie Wisenberg nos recuerda insistentemente su actitud en La Red Social, con un rostro inexpresivo; Alison Pill es el personaje más previsible que parece recitar sin alma, sus parlamentos.
Véanla, pero el Allen aquí, algo ha perdido.

