Opinión

Dando tumbos

Dando tumbos

Dando tumbos

Es cierto que en nuestro país la competencia política es dramáticamente inequitativa. A los partidos pequeños les resulta muy difícil colocarse en una posición con posibilidades de crecer y, mucho menos, de vencer a las organizaciones que hegemonizan el escenario nacional. Ese panorama se agudiza si se repudia la práctica clientelista y se asumen comportamientos diferenciadores de las formas vergonzantes en que ha devenido el ejercicio político dominicano.

 No obstante, las opciones liberales, progresistas y de izquierda, si pretendiesen realizar una evaluación profunda de su precario nivel de incidencia en el electorado, cometerían un error si se quedaran, como lo han hecho, en esa única circunstancia.

 Su tradición ha sido escudarse en los vicios innegables del sistema político, como mecanismo de negación de los niveles de responsabilidad que se tienen en la penosa historia que ha caracterizado al sector liberal, el cual, ha rehuido los procesos de auto crítica que lo hubiesen llevado, de haberse realizado con objetividad, a superar el círculo vicioso en que ha permanecido.

 Nadie podría negar los desatinos cometidos por un eslabón político que, lejos de aprovechar el desprestigio de la partidocracia tradicional, ha ido perdiendo influencia en la sociedad. Cómo no admitir las constantes divisiones; el sectarismo; el absurdo apego a corrientes internacionales imponiendo modelos foráneos; el protagonismo; la falta de institucionalidad; la improvisación y una participación electoral carente de sentido, la cual, ha servido para incrementar su aislamiento.

 Los próximos comicios, sorprenden a la izquierda, una vez más, sumergida en esa perenne ausencia de proyectos, cosechando el fruto de su falta de visión y forzada, por la fuerza de los acontecimientos, a la precipitación y a las malas ejecutorias.

 De esa forma, presenciamos el bochorno de que una parte de ese sector ha pactado con el Ing. Miguel Vargas, el presidente más colocado a la diestra que haya tenido el PRD, bajo la ilusión de conquistar unas curules que estarán constreñidas por el proyecto conservador que las propició. Ni siquiera han tenido la delicadeza de mostrar el programa legislativo mínimo que el partido blanco impulsaría y que podría darle sustentación a ese pacto inconducente.

 Irrita constatar el daño que eso hace a la valoración de un sector que, aun de escasa preponderancia, algo le queda de coherencia y persistencia. Con esa decisión, se le otorga el derecho a muchos de afirmar que, ante la perspectiva de una migaja de poder, todos asumen idéntica actitud.

El Nacional

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