Las buenas intenciones que ha demostrado el presidente Luis Abinader, de querer hacer un gobierno decente, y decidido a enfrentar la corrupción: caiga quien caiga, nos hace recordar, indefectiblemente, a un gran referente moral: Juan Bosch.
Sólo que, como presidente electo, don Juan estaba consciente de que era el capitán de una nave, llamada a naufragar, como consecuencia de la Guerra Fría. Los golpes de Estado producidos en Nicaragua, Venezuela, Costa Rica, Colombia, Paraguay, Honduras y, sobre todo, el de Guatemala, donde la CIA, quedó al desnudo, le daban argumentos infalibles al fundador del PRD y PLD, para tener seguridad, como lo testimonia, antes de asumir el cargo: de que sería derrocado.
En cuanto al presidente Abinader, no sé si el joven estadista, está consciente de que tiene dos enemigos mortales, que serán espadas de Damocles para propinarle un golpe de Estado moderno: la ingobernabilidad. Me refiero a la crisis económica mundial, como consecuencia de pandemia de la covid y a sus compañeros de partido, algunos de los cuales, ya han comenzado a demostrar, que saben de Política, lo mismo que sabía el filósofo Sócrates, sobre el arte del buen escribir.
Los dominicanos estamos compelidos a ayudar al presidente en cuanto a la amenaza de un crecimiento negativo de un 6 %, pero muy poco podemos hacer en detener tantos proyectos presidenciales.
La dinámica política no puede ignorar esta realidad: David Collado, Guido Gómez Mazara, Carolina Mejía, Faride Raful, José Ignacio Paliza, Wellington Arnaud, y alguien que no suena, pero que, a mi entender, podría ser el candidato del presidente Abinader, en un momento dado: Roberto Fulcar. Eso explica la lucha por nombramientos clave, y que puedan aglutinar.
Manejar ese afán de poder será el reto de esos que emergen como nuevas figuras de nuestra política nacional, sin ideología y teniendo al doctor José Francisco Peña Gómez, como una reliquia olvidada.
Por: Ramón Rodríguez
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