Reportajes

De Casanova a Rubirosa

De Casanova a Rubirosa

   Parece que el secreto de los grandes amantes de la historia desde Casanova (Giacomo Girolamo Casanova), hasta Porfirio Rubirosa, consiste en enamorar a las mujeres más hermosas y apetecibles y no amar a ninguna.

Es bien claro que las estrategias especializadas del macho dominante no se detienen en la cama.

Cruzan febriles por una confluencia fluvial de labia y de atenciones esmeradas.

Casanova, de su lado, no discriminaba y se iba a la alcoba con la sirvienta y con quien apareciera.

Rubirosa, curtido ya en el complejo mundo de la mujer sofisticada, era más específico y se procuraba las estrellas.

 Este delirio paralizante es la muerte del gran amante, aventurero, suelto en el glamour, cosmopolita, con un imán irresistible a mano, más poderoso que el de su “rival”, la mujer, cuyas estrategias, astucias y fórmulas mágico-naturales y redes irresistibles no permiten escapatoria.

Siempre habrá alguien con vocación de ser atrapado.  

Si se te ocurre amar ya no eres un genuino amante.

El amante materializa la demanda causal de la amada, la complace hasta en sus mínimos detalles.

Finalmente se detendrá  horrorizado ante la idea del amoroso animal domesticado que se coloca las cadenas a un espacio con ventanas y salida al mar de la tranquilidad que anuncia tormentas.

Como no ignora nadie que no pretenda pasar por descuidado, el amor  ata a las criaturas, las fija y les otorga establecimiento.

Saltador de rama en rama, vigoroso, reclamado por múltiples enamoradas, vituperado por las ignoradas, recelado y temido por rivales potenciales, no lo detiene la alborada ni la marcha  del hombre sufrido que carga con esas responsabilidades mundanas que arriesgan la probable mediocridad y la rutina intolerable.

Casanova iba de la nobleza a la cenicienta de la casa.

Rubirosa se encaramaba en las sólidas relaciones internacionales y de pasada hacía política y diplomacia.

El primero era  un dirigible, el segundo un misil dirigido hacia su objetivo.

Casanova iba precedido de su fama de amante irresistible.

Rubirosa le adicionaba atenciones esmeradas a la futura pareja ocasional:

Le llenaba la habitación de rosas rojas, se hacía acompañar, sin ser una celebridad de Hollywood,  de una nube de fotógrafos previamente contratados para la ocasión, una estrategia que llamaba la atención de la pretendida que en lo inmediato deseaba conocer al infatuado.

Casanova picaba y se iba.

Rubirosa hasta golpeaba y seguía siendo amado, se mantenía orbitando por un tiempo y finalmente, se hastiaba, pedía el divorcio, reclamaba una dote y se mudaba.

La mujer es en gran medida impresionable por los gorjeos, las maniobras y  ridículas poses y golpes de pecho del que alguien, con alguna justicia, caracterizó como “el rey de los payasos”, el inefable pitecántropo que se afana en lo patético a fin de lograr algo, aunque sea un guiño oportuno.

De lo contrario, el hombre tendría serios inconvenientes para acceder a sus dominios de esplendor y encanto.

Estos dos amantes de kilates fueron al unísono envidiados y odiados.

Los combatió su misma conducta “mundana”, su expresa disposición a la fugacidad y al compromiso efímero.

Temprano conocieron su rol en el mundo.

No se sabe si terminaron satisfechos o desengañados. Sí tuvieron bastante qué contar del mundo insólito de la compañía femenina.

Filmarán película

El actor español Antonio Banderas fue escogido para protagonizar una película basada en la vida del playboy Porfirio Rubirosa, quien se convirtió en un icono del machismo dominicano en Europa y los Estados Unidos, donde hizo grandes conquistas.

El Nacional

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