A mí no me alcanza el día, decía un ama de casa agobiada por las múltiples tareas que tenía que desempeñar.
He visto centenares de hombres y mujeres jóvenes enfermar (infartos, úlceras, alergias, etc.), entre otras cosas, porque llevan la vida muy deprisa y se ponen mucha presión o son muy autoexigentes.
La vida moderna, la competitividad, la necesidad de progresar y de obtener reconocimiento, hacen de las personas cumplidoras y comprometidas con sus metas, verdaderos esclavos ansiosos y estresados de sus proyectos.
Cecilia Fidanza, del grupo de psicólogos de Buenos Aires, ha dicho que tratar de ser perfecto cansa, y las buenas sensaciones que proporciona son efímeras.
La gente que se empeña en hacer las cosas bien muchas veces tiene un temor a la desaprobación de los demás o, en el fondo, buscan reconocimientos.
Muchas veces el temor anticipado al fracaso nos paraliza y nos llena de dudas y sufrimientos.
A veces dejamos de reconocer lo bueno que somos, nuestras virtudes, empeñados y afanados por demostrar a los otros que sí podemos, aunque dejemos la suela de los zapatos para alcanzar algún objetivo.
Cuántos arquitectos han terminado una bella obra y de ahí, para la clínica a sanarse
Cuántos finalistas de un concurso han quedado tan exhaustos después del triunfo, que jamás levantaron cabeza.
A veces nos olvidamos que somos seres humanos, imperfectos por cierto, y la alocada carrera para obtener el poder; la tensión de ganar como sea; o de conseguir un costoso objeto material , nos limita de vivir una vida plena y profundamente espiritual.
La trampa de la auto exigencia exagerada no nos deja vivir, mucho menos de disfrutar los pequeños logros, de nosotros y de los que nos rodean.
Cuánta gente obsesionada en medio de una gran empresa, no reconoce las buenas notas de sus hijos en el colegio o el ascenso de su esposa en su trabajo.
Ese hombre cuando se mete en una cosa no mira ni pa los lados, afirman sus amigos refiriéndose a Juan, uno de esos trabajólicos que no se apea del caballo hasta que concluye un proyecto, meta o tarea.
La psicóloga Cristina Gozi ha dicho: Intentar hacer las cosas lo mejor posible es algo loable, querer hacer todo de la manera más perfecta es una obsesión.
Qué hacer?
Revisar los objetivos generales de nuestra existencia a nuestra edad ; ver lo que la vida nos ha dado con mucha objetividad.
Reconocer nuestras limitaciones para trabajar en equipo. Delegar, combinar el trabajo con el descanso y lo manual con lo intelectual.
Disfrutar de nuestro talento pero sin apabullar. Cuidarse de la rutina e introducir espacios de relajación. Es el caso del gerente que llega de la oficina y se pone a escuchar música clásica con los pies metidos en un balde de agua tibia.
Cuando vas tan ocupado y tan deprisa, que no tienes tiempo ni siquiera para disfrutar de tus éxitos y de lo que te rodea, eres un candidato a una explosión personal, familiar, sentimental o de tus arterias.
Medita sobre lo que he escrito hoy. Estás a tiempo de bajar la velocidad. Tu carro va a 120 kilómetros por hora, mejor llega dos horas más tarde a 70 km por hora, a la misma meta, con un poco más de salud y nada ha cambiado, porque llegaste con un poquito de retraso pero calmado y sonriente.
Señores , excúsenme la tardanza , pero es que a partir de hoy he decidido tomar las cosas con calma.
