Qué factores incrementan la actual ola delincuencial que golpea a la ciudadanía? ¿Es que no hay esperanza dentro de los actuales parámetros de la sociedad, o es el cobro por la vía violenta de los cincuenta años de deuda social acumulada existentes en el país?, o quizás: ¿Es el fruto de la espiral ascendente del costo de la vida que acogota a los hogares dominicanos?
Por la razón que fuere, lo cierto es que la delincuencia se ha insurreccionado. Esta rémora social le importa un bledo, cámaras de vigilancia, verjas eléctricas, policías, cárceles, justicia, y solo obedece a su instinto de recursos fáciles y rápidos.
Nadie está exento de los robos y atracos: Estudiantes, amas de casa, adulto mayores, militares, riferos, meretrices, alcahuetes, etc., son perseguidos a toda hora por los cacos. La gente en su orfandad solo atina a decir,”… que aquí a quien no lo han atracado es porque es ladrón…”. La ciudadanía extenuada, y además cansada de las autoridades demagógicas e incapaces, ha acudido a toda forma de inventiva ante la pandemia malhechora que la abate.
Los talleres de herrería han hecho el gran negocio blindando a hogares y establecimientos de hierro. Las empresas de seguridad privada se han enriquecido en esta orgía de asaltos. Policías, jueces y juezas y además gente corrupta en el gobierno han hecho su “agosto” apresando delincuentes para luego liberarles y quedarse con lo robado.
Algunos lugares han pasado a ser tierra de nadie y los hurtos ocurren uno tras otro. Ya recluirse en las casas no garantiza seguridad, pues los cacos penetran a ellas con facilidad. Si estar vivo es la excusa suficiente para ser atracado, morirse no redime de ser timado, pues hasta a los cementerios llegan los tentáculos de estas personas facinerosas.
Por: Elvis Valoy
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