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Deporte Profundo

Deporte Profundo

Recuerdo cuando Luis Mejía Oviedo llegó a la capital dominicana pletórico de sueños desde su natal Baní a finales de los años 70,y de inmediato inició su acercamiento al litoral deportivo desde la posición de relacionista público que ocupaba en la fábrica de sacos y cordeles, una de las empresas del grupo CORDE.
Rafael Landestoy, íntimo compueblano suyo con quien yo avanzaba rumbo a una relación de compadrazgo ante el nacimiento de mi hija Francina, sería fundamental en la génesis de nuestra amistad fraterna que más que inalterable se ha acrecentado con el paso inexorable de los años.

Un chivo texano guisado en la casa de “Guabá” en un enorme caldero dominicano que Ney“La Aguja”, el mayor de los Paredes de Ciudad Nueva descubrió en una ferretería de Houston, sería el preludio de nuestros almuerzos semanales del Club de Los Tobis que ya casi cumplen 40 años.

Freddy Vallejo, Nandy Rivas, Dionisio Guzmán, Leo Corporán y su pasión por el softbol contribuirían a solidificar vínculos fortalecidos durante sábados nocturnales en la antigua redacción de El Nacional en medio del incesante tableteo de las máquinas de escribir y el alerta de sus campanillas.

Admirado por mí papáen sus frecuentes visitas al Listín Diario por la coincidencia de sus preferencias por la sobriedad y formalidad en el vestir, Luisín fue tejiendo con labor propia de hormiga, una carrera en la dirigencia deportiva que acaba de coronar con una nominación como miembro de número del Comité Olímpico Internacional.

Se trata de un personaje lleno de nobles sentimientos a quien he visto llorar por el doloroso fracaso de una atleta en tierras canadienses y celebrar con júbilo su resurrección cuatro años después en suelo familiar. Es el mismo a quien veo a diario multiplicarse para cumplir hasta los compromisos más nimios de sus funciones como presidente de un Comité Olímpico Dominicano que ha luchado por modernizar con plataformas como COLIMDO y programas como CRESO.

El COI, que funciona con el secretismo de una logia masónica, no explica las razones para el privilegio de su escogencia, pero quienes conocemos su historial de trabajo infatigable y entrega total a una causa, podemos colegir que se trata del reconocimiento a un liderazgo nacional y regional puesto a prueba en innumerables ocasiones.

Además de sus dotes como ciudadano íntegro y la solidaridad sin teatros ni aspavientos que demuestra hacia grupos sociales de excluidos o desamparados cumpliendo con códigos morales más que religiosos, Luisín cuenta con la transigencia ante las ideas opuestas como una cualidad que le ha permitido sortear muchas dificultades en arenas movedizas.

Él ha hecho suya la muy conocida frase de Benito Juárez: “El respeto al derecho ajeno, es la paz”.
Y es que su capacidad y paciencia para tolerar y admitir disidencias las pone a prueba todos los días desde que despunta el sol. Porque allí mismo, en la felicidad de un hogar armonioso, la naranja completa ama a Dios pero hay una mitad que no sigue a Francisco.

 

El Nacional

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