Opinión

Desaliento

Desaliento

Todo el entusiasmo que había con la Serie del Caribe se ha desvanecido con la baja asistencia de aficionados que marcó la apertura del certamen. Boletas a precios prohibitivos,  que además se calculan con el dólar como referente, han espantado a los aficionados.

El dominicano lleva el béisbol en la sangre, pero a pesar de  las expectativas y los atractivos que suponen la presencia de luminarias de Grandes Ligas en cada uno de los conjuntos, el día inaugural no hubo ni la mitad de los  14,829 espectadores que alberga el remozado estadio Quisqueya.

Los precios de las boletas, que van desde cinco hasta 70 dólares, testimonian lo que siempre se ha dicho: que el béisbol profesional es un negocio privado. Sin embargo, el Gobierno se gastó una fortuna en la remodelación del estadio tanto para el torneo nacional como para la competencia que reúne equipos de Puerto Rico, México y Venezuela, además de República Dominicana.

Ni con la inversión que sale de las costillas de los contribuyentes pudo la Liga Dominicana de Béisbol Profesional (Lidom) condolerse de unos aficionados para los que la pelota es el rey de los deportes. Muchos prefieren quedarse con las ganas, pero no pagar entradas tan exorbitantes, que no se compadecen con la realidad.

Los organizadores del certamen tal vez se han creído que República Dominicana es un país rico, donde la gente puede darse el lujo de pagar hasta el equivalente de 70 dólares para disfrutar de partidos que, en ocasiones, no están ni siquiera a la altura de las expectativas y el entusiasmo.

La serie internacional es organizada por la Confederación de Béisbol del Caribe, que preside el dominicano Juan Francisco Puello Herrera. Las condiciones que ponga para la sede no tienen necesariamente por qué ser aceptadas, en este caso por un anfitrión como República Dominicana.

Los precios de las entradas de la gente que llena el estadio contrasta, dígase lo que se diga, con la falta de dinero de la que con frecuencia se queja la población y hasta con el costo de la vida. Presenciar un partido en el terreno de juego supone un gasto que no todos, por más apasionados que sean del béisbol, están en capacidad de sufragar. Con razón muchos aficionados han calificado de abusivos los precios de las boletas. Y es que en realidad no son otra cosa que un verdadero abuso.

El Nacional

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