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Desigualdad y delincuencia

Desigualdad y delincuencia

Pablo del Rosario

La sociedad dominicana, al igual que las de otras latitudes, reacciona sin demora ante los efectos de la distribución desigual de las oportunidades de empleos, estudios, alimentación, servicios médicos, etc.

Esa reacción se expresa invariablemente, con un incremento ostensible de la delincuencia en sus mas diversas manifestaciones. Es decir: atracos, secuestros, robos, extorsiones, chantajes y otros delitos.

El reparto de riqueza, especialmente a través de los sistemas de protección social, es posible gracias a la discrecionalidad de los pocos que tienen mucho, hacia los muchos que no tienen nada.

Entendemos que esa distribución sería mucho mas efectiva si se llevase a cabo a través de una política fiscal mas justa y equitativa, estableciendo sistemas sociales que promuevan el empleo, y permitan disponer de mayores recursos económicos a esos amplios sectores de la población que deberán incrementar su nivel de vida y sus posibilidades de consumo.
La desigualdad aumenta en la medida que determinados grupos se benefician exageradamente de la inversión y el gasto público; en esa misma proporción se incrementa la delincuencia.

El caos al que nos enfrentamos proviene del fracaso del sistema, que ha sido incapaz de desarrollar nuevas formas de organización social y política que vayan más allá del proteccionismo social y que no sean excluyentes.
No obstante, el predominio del caos no debe impedirnos pensar en escenarios alternativos para estrechar la brecha existente y evitar que lleguemos a niveles incontrolables.

A riesgo de hacerme reiterativo, insisto en la urgente necesidad de promover la creación de leyes equitativas y justas, a fin de que la inclusión de la juventud en el proceso productivo nacional pase a ser una realidad concreta, no un enunciado como es hoy.

Observemos que las edades de los involucrados en hechos delictivos oscilan entre 18 y 35 años, es penoso ver esa realidad. Aún estamos a tiempo de evitar lo peor, hagamos todos el esfuerzo.
Hasta luego…

Por: Pablo del Rosario

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El Nacional