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Desinterés cultural

Desinterés cultural

Si hay un fenómeno paradójico en esta llamada sociedad de la información y las nuevas generaciones interconectadas es el exceso de datos disponibles y a la vez el desinterés cultural creciente.

Una especie de «cultura light» se va apoderando de nuestra realidad donde el envase es más importante que la sustancia y el titular más que el contenido.

En una carta que conmovió al mundo de la educación el periodista y académico uruguayo Leonardo Haberkorn al momento de renunciar a seguir dando clases en la carrera de Comunicación en la universidad ORT de Montevideo, identifica parte de está realidad cuando reflexionó: «Después de muchos años de dar clases en la universidad me cansé de pelear contra los celulares, contra WhatsApp y Facebook.

Me cansé de estar hablando de asuntos que a mí me apasionan ante muchachos que no pueden despegar la vista de un teléfono que no cesa de recibir selfies. Hasta hace varios años la exhortación a dejar el teléfono de lado aunque solo fuera para no ser mal educados todavía tenía algún efecto, ya no.

Muchos de estos chicos no tienen conciencia de lo ofensivo que es lo que hacen y cada vez es más difícil explicar cómo funciona el periodismo ante gente que no lo consume ni le ve sentido a estar informado.

Esta semana en clase salió el tema Venezuela y solo una estudiante entre 20 pudo decir lo básico del conflicto. El resto no tenía ni la más mínima idea. ¿Qué partido es más liberal en USA? Silencio.

Lamento que los jóvenes no pueden dejar el celular, ni aún en clase y conectar a gente tan desinformada con el periodismo es complicado.

Es como enseñar botánica a alguien que viene de un planeta donde no existen los vegetales. A estos muchachos, que siguen teniendo la inteligencia, la simpatía y la calidez de siempre, los estafaron, que la culpa no es solo de ellos. Que la incultura, el desinterés y la ajenidad no les nacieron solos.

Les fueron matando la curiosidad con cada maestra que dejó de corregirles las faltas de ortografía, les enseñaron que todo da más o menos lo mismo.

Entonces cuando uno comprende que ellos también son víctimas, casi sin darse cuenta va bajando la guardia y lo malo termina siendo aprobado como mediocre; lo mediocre pasa por bueno; y lo bueno, las pocas veces que llega, se celebra como si fuera brillante.
No quiero ser parte de ese círculo perverso y no soporto el desinterés ante cada pregunta. Ellos querían que terminara la clase, yo también».

El desinterés cultural es una preocupante realidad cautiva de las redes de la modernidad.

Por: Alberto Taveras

albertotaveras2013@gmail.com

El Nacional

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