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¡El cambio va!

Por Antonio Almonte

(aalmonte@hotmail.com).-

Con el flujo del tiempo y tanto poder en su vientre, el PLD terminó transformándose en un problema, en un enorme obstáculo para el crecimiento político e institucional del país; en una formidable traba para la transparencia en la administración pública y para el libre despliegue de las iniciativas económicas privadas sin onerosos costos espurios de transacción, ni sesgos pro monopolios.

En fin, toda la potencialidad transformadora que una vez exhibió el partido morado, terminó trastocándose en una pesada retranca nacional de cara al futuro.

Esa tendencia fue advertida hace años por algunos de nuestros analistas más agudos, pero les tomó tiempo a las masas, sumergidas en un espeso mar de falsos relatos, para ver con claridad la burbuja sin rumbo en que las habían metido.

Por ejemplo, en lugar de permitir que empresas privadas construyesen con su dinero y préstamos nuevas plantas de generación eléctrica en el 2012, como había ya casi conseguido Celso Marranzini mediante una licitación, Danilo prefirió anular esa iniciativa y contratar a Odebrecht para construir la central termoeléctrica Punta Catalina con dinero público y préstamos por miles de millones de dólares a cargo del Estado.

En lugar de que el 4% sirviera para que ahora, ocho años después, exhibiésemos un salto de calidad en la educación pública, seguimos varados en la misma mediocridad de antaño.

Ahora bien, esas graves fallas de gestión públicas son reflejos de la metamorfosis hacia lo peor experimentada por ese partido. Un partido que frisó su mecánica política interna de funcionamiento y renovación. Un partido cuyos principales líderes echaron por la borda la ideología cuando descubrieron que no congeniaba con los negocios. Un partido cuyo jefe actual, hoy presidente de la República, a la hora de elegir un nuevo candidato presidencial prefiere imponer al “hombre más leal al presidente”, o “al que mejor le cuidaría la espalda”.

En resumen, el modelo PLD se agotó, la población se cansó y Luis y el PRM hicieron sus tareas. Por eso la gente canta confiada y feliz: ¡“el cambio va”!

El Nacional

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