Opinión

Día de todas las muertas

Día de todas las muertas

Este año, recordando a quienes ya no están, pensaremos en las casi doscientas mujeres que han sido asesinadas por la misoginia de una cultura que permanentemente recicla como valores, los del mitológico imaginario que arremete, violenta y asesina a la mitad de la humanidad.

En la conmemoración católica – al parecer de origen pagano – no contaremos más a las muertas en complicados y violentos escenarios, públicos o privados. Durante más de doce años, levantamos las cifras para conmover a la opinión pública, y eran 96. Después, 100. Más tarde, 130. Y ahora, siempre más de 200. ¿Qué sentido tiene contabilizarlas, si son muchas? Se hicieron estudios, diagnósticos, investigaciones y documentos. Se escribió convocando dolientes. Se denunció un fenómeno que se veía venir a instalarse en una sociedad sin instituciones sólidas, ni chapulines, ni superhombres, ni supermujeres, claro.

Hay que  buscar soluciones. La violencia basada en el género contra la mujer, sea intrafamiliar y/o sexual, ya está documentada en el país, hasta la ley penal la define y castiga, todo pendiente de un Congreso que pudiera hacer la excepción a todo principio, quitando derechos adquiridos por las dominicanas Y dejándonos en peor situación.

Llegó el momento de hacer operativo lo descubierto, sin disculpas ni rémoras. Entonces, no preguntemos por el número de muertas que el feminicidio – ignorado en nombre de la “neutralidad” de la ley penal- crimen particularmente dirigido a las mujeres, se ha instalado en nuestra sociedad. (¿Usted cree que nuestra ley es neutral? Quizás piense como yo: se enuncia imparcial, pero se aplica de acuerdo a la víctima o victimario. Y no solo con el género, también con la raza, la clase, la orientación sexual y demás discriminaciones. No es lo mismo ser un ladrón pobre, sin “cuña social” y negro, que uno rico, “enganchado socialmente” y blanco, por decir algo!).

En las acciones, hay que considerar las expresiones socioculturales de devaluación y cosificación de las mujeres, ligadas al desarrollo de roles masculinos de control y dominio, y directamente asociadas con la cantidad de muertes misóginas. Entonces, hay que poner en la lista la proyección alienante de las mujeres en los medios audiovisuales; el uso de imágenes deplorables para el mercadeo, como las muchachonas que bailan en el juego de pelota; las que venden un carro o cualquier cosa, en bikini; los mensajes de las “letras” y el baile en la llamada música urbana; la ausencia de una educación y una práctica social, política y económica que vislumbre las necesidades diferenciadas de hombres y mujeres, así como sus aportes, entre otras cosas.

La sociedad dominicana ha de responsabilizarse y el Estado administrador, tiene un compromiso que aún no cumple. Por las muertas: ¡Ni una más, al menos!

El Nacional

Es la voz de los que no tienen voz y representa los intereses de aquellos que aportan y trabajan por edificar una gran nación