He podido disfrutar en estos días de de la presencia de mi sobrino-nieto, quien por suerte ha heredado el hábito de la lectura. La semana pasada, leyendo el suplemento cultural de importante diario, se topó con un ensayo sobre la taxonomía de la palabra “cuero o prostituta” y se extrañó.
¿Por qué alguien escribiría algo asi? Reaccionó indignado.
¿Por qué preguntas?.
Porque me parece un escrito ofensivo para las mujeres…Yo no te veo a ti escribiendo sobre el significado de las palabras chulo, pedófilo o pederasta.
Porque no pierdo mi tiempo en insignificancias, querido mío, y como decía tu bisabuela: dime lo que escribes y te diré quien eres.
¿Y, quién es este sujeto?
¿Tú que piensas?
Algún resentido, un acomplejado, alguien feo…
No, alguien que utiliza las palabras como un arma para aterrorizar, arrinconar, u ofender a las mujeres…
Pero, ¿y por qué?
Hay hombres que no soportan la brillantez femenina, o que les lleven la contraria, eso sucede en todos los ámbitos, y cuando no pueden detenerlas recurren a lo que creen puede ofenderlas…
Pero eso ya no se usa…
Se usaba, sobre todo en las provincias del interior donde la reputación de las mujeres era asunto de vida o muerte, porque no tenían más opción que la relación de pareja, o el matrimonio.
Pero, ¡eso cambió hace tiempo!…
¡Claro! Hoy las mujeres se educan y trabajan y lo que hagan con su vida sexual es asunto suyo. Y, sobretodo no se deja chantajear, porque antes las únicas infieles o putas eran ellas, aunque quienes iban a los prostíbulos a entrenarse para sus vírgenes novias eran los hombres; o quienes las acusaban los perversos, alcohólicos, o anormales (los curas de la Inquisición), los infieles.
¡Qué mala suerte! Yo vivo con mi novia desde hace tiempo, y todos mis amigos y amigas conviven…
Privilegios de tu época, querido mío…
¿Y que vas a hacer tú, contestarás?
¿Nunca oíste hablar de los calieses?
¿Los qué?
Eran tipos que trabajaban para el servicio secreto de Trujilo…
¿Y?
Que es la misma historia. Detrás de cada calié había un hombre insignificante, ávido de reconocimiento social, del respeto que en una sociedad clasista como esta solo podía obtener infundiendo temor, por el terror de los demás a ser señalados y asesinados.
¿Y qué tiene eso que ver con los cueros?
Que es la misma filosofía: “Si no me reconocen, o temen, las insulto”.
¿Y? Que hay que mirarlos con lástima, como los pobres diablos que son y reírse.
Por: Chiqui Vicioso
luisavicioso21@gmail.com

