Opinión

Diciembre 19, 1965

Diciembre 19, 1965

El 19 de diciembre de 1965, Francisco Alberto Caamaño y algunos miembros de su gobierno en armas fueron a Santiago para asistir a la misa que se oficiaría en memoria del coronel Rafael Tomás Fernández Domínguez, muerto a tiros el 19 de mayo durante el asalto al Palacio. No huelga recordar que para entonces se había suscrito el Acta Institucional con la Fuerza Interamericana de Paz que había puesto fin a las hostilidades que estallaron el 24 de abril.

 Luego de depositar ante la tumba de Fernández Domínguez una corona de flores, Caamaño y sus acompañantes fueron al Matúm y no fue si no entonces que empezó uno de los episodios de coraje heroico más memorables de nuestra historia. 350 miembros del Ejército Nacional cercaron el hotel y empezaron a bombardearlo con tanqueros y armas largas, pero, a pesar de la superioridad numérica de los atacantes, el balance al término de siete horas de desigual combate fue para ellos humillante.

 Mi hermano Jottincito había cumplido apenas un año cuando asaltaron al Matum, y mi madre, que se encontraba dentro del hotel, solo atinaba a lamentarse ante la probabilidad de dejarlo huérfano. Héctor Aristy, quien le sugirió a Caamaño no entregarle al Cónsul de Estados Unidos a un grupo de ciudadanos norteamericanos sorprendidos en el Matum aquella mañana, decisión que habría motivado a los solados de la Fuerza Interamericana de Paz a interponerse entre los atacantes y el hotel, le repetía a mi madre: “Valor Julita, valor”. El autor de este artículo no tenía en agenda nacer, y al hacer este rápido trazado de la última batalla bélica del glorioso 1965, en la que perdió la vida el coronel Juan Lora Fernández, doy testimonio de lo orgulloso que me siento no solo de mi papá, quien ayer hubiese cumplido 91 años, sino también de mi mamá. 

El Nacional

Es la voz de los que no tienen voz y representa los intereses de aquellos que aportan y trabajan por edificar una gran nación