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Dinorah Cordero

Dinorah Cordero

Chiqui Vicioso

Cuando era “feliz e indocumentada”, fui un día a Times Square, a comprar unos discos y me encontré con una airada manifestación frente al Consulado Dominicano.

Liderando al grupo se encontraba una joven mujer, blanca, bonita, bien vestida y sumamente enérgica: era Dinorah Cordero, para ese entonces la oficial más eficiente del Banco Popular (boricua), quien había salido de su trabajo para denunciar ante el mundo el asesinato de Amín Abel Hasbún.

Cuando leí el volante que me entregó, con la foto de un joven que parecía un seminarista, y me entere de que había sido masacrado frente a su, en avanzado estado de embarazo y su niñito de un año, decidí participar y luego pertenecer al Comité Pro Defensa de los Derechos Humanos en la República Dominicana.

Proveniente de la izquierda cristiana, junto con Martha Olga García y Fanny Sanchez, Dinorah no figura en el libro de su hermana Margarita sobre las Mujeres de Abril, asumo que por el pudor que provoca el hablar de nuestros familiares, pero Dinorah fue el enlace entre Monseñor Clarizio y las fuerzas revolucionarias y como tal la protagonista de múltiples e incontados episodios de valiente solidaridad.

En el Comité conocí a un primo: Eric Vicioso; los poetas Alexis Gómez, Rafael Nuñez, Edgard Paiewonsky, Juan Daniel Balcacer y otros y otras, cuyos nombres reales ignoraba.

Nunca, en la historia del país, hubo una campaña tan activa y ejecutivamente organizada como la del Comité por los Derechos Humanos. Yo trabajé en la coordinación con las iglesias norteamericanas, cuyo Consejo Nacional y División de América Latina, liderada por el Reverendo Bill Wipfler; fueron el bastión de progresistas norteamericanos que apoyó financiera y moralmente las actividades del Comité.

En el Comité publicábamos un boletín, del cual guardo los ejemplares, que se distribuía y vendía en la comunidad para financiar las gloriosas actividades del Comité. Y digo gloriosas porque nosotras trajimos al país, en gira, a Expresión Joven y coordinamos con el movimiento obrero del Canadá (CISO), las actividades de apoyo a la CGT.

De ese tiempo da testimonio Nélida Marmolejos, con quien viajamos a Quebec y Montreal denunciando los asesinatos y persecuciones del “padre de la Democracia” Joaquin Balaguer.

¿Y, Dinorah?
Con 83 años, en la calle, apoyando la lucha contra los crímenes de odio a las comunidades negra y asiática, subiendo y bajando las escaleras de edificios de 32 pisos, pegando afiches, ayudando a los indocumentados a legalizar sus papeles.

A ella se aplica el dicho de Brecht: Hay mujeres que luchan un día y son buenas. Hay mujeres que luchan todos los días y son muy buenas. Pero hay mujeres que luchan toda la vida. Esas son las imprescindibles.

Por: Chiqui Vicioso

luisavicioso21@gmail.com

El Nacional

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